domingo, 28 de septiembre de 2025

Cabezas de cordero asadas

Esta semana se ha celebrado el año nuevo judío o Rosh Hashaná, festividad conmemorada por el pueblo judío donde quiera que se encuentre, durante los dos primeros días de Tishréi (séptimo mes del calendario hebreo, correspondiente a septiembre u octubre en el calendario gregoriano, dependiendo del año). Conmemora la creación del hombre, según la cosmovisión hebrea. Durante los festejos se toman algunos platos típicos como las cabezas de cordero asadas, plato muy concurrido también en la cocina tradicional aragonesa.

Cabeza de cordero asada con guarnición lista para comer.
Cabeza de cordero asada con guarnición lista para comer.

De hecho encontramos una receta de esta preparación en el libro 'La cocina de los judíos de Sefarad en la Edad Media' (Libros Certeza), del profesor Álvaro López Asensio, que la recoge de actas judiciales contra judíos conversos acusados de judaizar en la comarca de Calatayud. La reproducimos más abajo.

Aprovechamos esta efemérides para recuperar este plato que se consumía con frecuencia en nuestros pueblos en tiempos pretéritos. Por ejemplo, yo lo he comido bastantes veces en mi adolescencia tanto en mi casa como en establecimientos punteros en Barbastro, mi ciudad natal, en aquella época, como La Pelela, Los Claveles o El Tropezón

Las cabezas son consideradas casquería de cordero en sí mismas, aunque están formadas por los sesos, lengua y molletes (carrilleras), que también son menudos por separado. Normalmente se cocinan en el horno partidas por la mitad, aunque previamente es conveniente darles un hervor. También es recomendable tapar con papel de aluminio o de horno los sesos para evitar que se quemen, ya que éstos se cocinan antes.

Sesos de cordero rebozados. Foto de aceites La Española.

Los sesos, si se cocinan por separado, conviene ponerlos al menos 30 minutos en agua fría para que suelten la sangre, para después quitar la fina tela que los recubre y blanquearlos en agua hirviendo durante 3 minutos aproximadamente. Lo más común es prepararlos rebozados, aunque también los podemos preparar, por ejemplo, en revuelto o tortilla.

Una bandeja de horno con varias cabezas de cordero asadas.
Una bandeja de horno con varias cabezas de cordero asadas.

Receta

Ingredientes:

2 cabezas de carnero, cordero u oveja partida por la mitad.
Aceite de oliva.
Pimienta negra al gusto.
Una pizca de nuez moscada.
Una pizca de clavo.
Tomillo.
Unas hojas de laurel.

Verduras optativas: apio, media berenjena, media cebolla, dos dientes de ajo.
Sal al gusto.

Elaboración:

Marcamos las cabezas cortadas por la mitad.
Eliminamos cualquier resto de grasa que haya en las cabezas.
En una olla o cazuela grande cocemos en agua hirviendo las cabezas de cordero durante veinticinco minutos aproximadamente, les añadimos unas hojas de laurel y sal, y una vez cocidas las reservamos en una bandeja.
En una taza elaboramos una salsa de especias con pimienta negra, nuez moscada, clavo y con el tomillo. Espolvoreamos la salsa por encima de las cabezas, que previamente habremos untado con una fina capa de aceite de oliva por toda la superficie; la cabeza adquirirá un color oscuro.
Si las hacemos a la brasa, ponemos los trozos en unas parrillas sobre la brasa caliente y cuando estén asadas por una cara les damos la vuelta.
Si se hacen al horno se ponen en la bandeja y se cuecen media hora por cada lado.

Las servimos con esta guarnición: en una olla o cazuela con aceite de oliva caliente freímos a fuego lento y durante cuatro minutos el apio cortado, la berenjena, media cebolla y los dientes de ajo. 

Para acompañar este plato, nada mejor que un vino tinto de garnacha de los muchos que se elaboran en Aragón.

sábado, 20 de septiembre de 2025

Fotos para recordar las vacaciones

Otro verano se nos va (como cantan los Green Day, ya está terminando septiembre) y con él las semanas de vacaciones que llenan la ciudad de turistas. Aprovecho esta circunstancia para recuperar un artículo que publiqué hace unos años en las páginas de verano de Heraldo porque refleja estos momentos de mudanza estacional en el centro de Zaragoza y por el protagonismo que tenía en él mi inolvidable Dalí, el golden retriever que me acompañó más de doce años y que ya nos dejó hace más de un lustro.

Dalí, ante la Basílica del Pilar, durante un paseo por el centro de la ciudad. Foto de Héctor Solanilla.
Dalí, ante la Basílica del Pilar, durante un paseo por el centro de la ciudad. Foto de Héctor Solanilla.

Parece que el verano ya languidece y que las noches se hacen más frescas conforme se acortan las horas de sol. Mi perro lo agradece porque no puede desprenderse de su perenne manto blanco y dorado, que le obliga a jadear día y noche en la época estival para poder expulsar el calor de su cuerpo. Creo que lo que no le gusta del fresco es que cada vez hay menos turistas por la plaza del Pilar y alrededores, algunos de los cuales se empeñan en regalarle caricias e incluso en hacerse fotos con él. 

Dalí, refrescándose en la fuente de la plaza de La Seo. Foto de Guillermo Mestre.
Dalí, refrescándose en la fuente de la plaza de La Seo. Foto de Guillermo Mestre.

Puede ser una foto original y diferente a la que se hacen la mayoría de quienes visitan la zona más turística de la capital. Se les ve en fila, esperando a inmortalizar su paso por Zaragoza con la cascada de la gran fuente de la plaza a sus espaldas, o sosteniendo la cercana bola del mundo como si fueran el titán Atlas. Algún adolescente es capaz de trepar por los relieves que forman los continentes hasta bien arriba del globo terráqueo conformando una imagen que podría ilustrar el conocido aforismo libertario: "Que paren el mundo, que me apeo".

Turistas fotografiándose ante la fuente de la Hispanidad. Foto del autor.
Turistas fotografiándose ante la fuente de la Hispanidad. Foto del autor.

Antes o después, muchos pasan también a fotografiarse por las murallas romanas y a los pies de la efigie de César Augusto, junto a la parada del tranvía cuyo nombre despista a los turistas menos avezados, que esperan encontrarse en la misma basílica al apearse y preguntan: "¿Esto es la plaza del Pilar?".

Y algunos penetran incluso por la inmediata puerta del Mercado Central atraídos por el bullicio de compradores y vendedores, y por los seductores aromas a especias, frutas y verduras que emanan del bazar zaragozano. Allí también les hacen fotos a los ejemplares que vende el pescatero José Luis en su surtido mostrador. Hermosos atunes, descomunales lenguados y bellas merluzas gallegas a precios increíbles: 5,99 euros el kilo, mil pesetas, lo mismo que costaban hace 20 años. Una imagen para recordar.

El pescatero del Mercado Central José Luis López, con un ejemplar de esturión. Foto del autor del blog.
El pescatero del Mercado Central José Luis López, con un ejemplar de esturión. Foto del autor.


sábado, 13 de septiembre de 2025

Adiós a Rick Davies, fundador y alma de Supertramp

Hace un par de días no fue un día normal y cualquiera. Me desperté con la noticia de la muerte de Rick Davies, uno de los fundadores y el alma de Supertramp, uno de mis grupos favoritos y una banda fundamental en la historia de la música de la segunda mitad del siglo XX.

Rick Davies, durante un concierto con Supertramp.
Rick Davies, durante un concierto con Supertramp.

La mayor parte de sus canciones forman parte de la banda sonora de mi vida y si alguna vez me pongo a la tarea de elaborar una lista con los mejores discos de pop-rock de todos los tiempos tengo claro que 'Crisis?, What Crisis?' o 'Crime of the Century' estarán en el podio de los tres primeros, por detrás de 'The Dark Side of the Moon', de Pink Floyd, y de 'I Robot', de Alan Parsons Project. 

Junto a Roger Hodgson lideraron un proyecto que dio a luz canciones irrepetibles y Davies mantuvo viva la llama del grupo tras la marcha de Hodgson en 1983 a causa de sus desavenencias por la incompatibilidad de caracteres de estos dos genios de la música.

Supertramp, en los momentos álgidos de su carrera.
Supertramp, en los momentos álgidos de su carrera, a principios de los ochenta. 

Son tantas las canciones del grupo que permanecen en la memoria musical de varias generaciones, tantos los momentos inolvidables que muchos de nosotros hemos vivido con ellas y que rememoramos cada vez que las escuchamos, que es inevitable sentirnos un poco huérfanos con la muerte de Davies, a quien ya en 2015 le fue diagnosticado un cáncer que provocó la suspensión de una gira del grupo por Europa. 

Desde entonces luchó a brazo partido con esa temible enfermedad, que no hace ascos ni a riquezas materiales ni a genialidades artísticas cuando decide acabar por las malas con la vida de quienes tienen la mala suerte de ser tocados por su malhadada lotería. 

Portada del disco 'Crisis?, What Crisis?'.
Portada del disco 'Crisis?, What Crisis?'.

Davies falleció el pasado día 6, sólo una semana antes del cincuenta aniversario de la publicación del álbum 'Crisis?, What Crisis?', que encumbraría definitivamente a Supertramp.

Cuando llegan estas fatales noticias sólo nos queda el frágil consuelo de creer en la inmortalidad que sus universales creaciones aportarán por los siglos de los siglos a estos ídolos, cuya desaparición física no impedirá que sigamos teniendo ese vínculo fraternal con notas musicales y entonaciones vocales que nos arrullan desde la cuna de nuestra más tierna adolescencia.

Rick Davies, en la última etapa de Supertramp.

Canciones que lo mismo nos revelan los desvaríos y vaivenes a los que nos someten las relaciones amorosas, como 'Anoter Man's Whoman', que exaltan sentimientos supuestamente intrascendentes que surgen en las rutinas de cualquier jornada anodina, como 'Just a Normal Day', con letras y músicas aparentemente sencillas pero que conllevan cargas de gran profundidad, pues nos hacen reflexionar sobre la brevedad de la vida, ajustada al huidizo tiempo, ese tiempo que, como dijo el poeta, es la escuela en la que aprendemos pero también el fuego en el que nos consumimos.

Goodbye, Rick, que tengas una buena acogida y disfrutes de las mejores músicas en el reino de la paz.

domingo, 7 de septiembre de 2025

El relajante arte en blanco y negro de Pako Lominchar

'Siluetas' se titula la exposición de Pako Lominchar compuesta exclusivamente por cuadros en blanco y negro, que puede visitarse en el Centro Cívico Universidad, de Zaragoza, hasta el próximo 5 de octubre.

Pako Lominchar, junto a uno de sus cuadros de la muestra 'Siluetas'. Foto del autor del blog.
Pako Lominchar, junto a uno de sus cuadros de la muestra 'Siluetas'. Foto del autor.

En el arte, como en otros muchos ámbitos de la vida, lo aparentemente sencillo no lo es tal, y la realización de obras o proyectos que a primera vista pueden parecernos exentos de dificultad llevan aparejados grandes dosis de estudio y laboriosidad, y cuya ejecución requiere de un gran trabajo, preparación y conocimiento de lo que se tiene entre manos.

Este cuadro se titula 'Después de la pasión'. Foto del autor.
Este cuadro se titula 'Después de la pasión'. Foto del autor.

Es el caso de las pinturas en blanco y negro que componen la estupenda exposición del artista madrileño afincado en Aragón Pako Lominchar, que vale la pena visitar en el Centro Cívico Universidad (calle de Violante de Hungría, 4). Los trabajos ponen de manifiesto la maestría y el 'duende' de este artista en el manejo de estos dos colores neutros de la paleta cromática, si bien en cada cuadro juegan también un papel muy importante diferentes gamas de grises que ayudan al espectador a interpretar lo que su autor pretende trasmitir. 

Lominchar empezó a trabajar el blanco y negro hace ya más de 30 años, siendo seguramente el primer artista en apostar por esta especialidad en Europa, con el fin de encontrar un lenguaje propio que le diferenciara dentro del concurrido colectivo artístico. Al principio, como recuerda el autor, las galerías se echaban para atrás cuando veían sus obras pero poco a poco el mercado le fue abriendo las puertas y en la actualidad participa en numerosas exhibiciones individuales y colectivas.

Un niño de dos años, en brazos de su madre, contemplando una de las obras. Foto del autor del blog.
Un niño de dos años, Marcos, en brazos de su madre, contemplando una de las obras. Foto del autor.

Con apenas unos cuantos trazos sobre el lienzo con la pintura acrílica, el artista invita al espectador a proyectar su imaginación para descubrir lo que no se ve en el cuadro a través de un juego de luces y sombras, lo que hace que se involucre de manera intensa en el lenguaje artístico que Lominchar maneja a la perfección y que también enseña en los cursos que viene desarrollando en la capital aragonesa para aficionados a la pintura.

El artista, a la izquierda, junto a algunos de los asistentes a la inauguración de la muestra. Foto del autor.
El artista, a la izquierda, junto a algunos de los asistentes a la inauguración de la muestra. Foto del autor.

Algunos de estos alumnos asistieron el pasado viernes a la inauguración de la muestra, en la que les animó a seguir practicando las técnicas que les trasmite porque las obras que resultan promueven la relajación, la serenidad y la tranquilidad, tanto de sus autores como de quienes contemplan el resultado final en el lienzo.

domingo, 31 de agosto de 2025

Chiretas con huevos rotos en Bielsa

Me gusta el plato que preparan con chiretas y huevos fritos en el restaurante del Hotel Monte Perdido, en Bielsa, una de las pocas localidades en las que se mantiene viva la tradición de elaborar esta delicia de la cocina aragonesa.

Así presentan el plato de chiretas con huevos rotos en el Hotel Monte Perdido de Bielsa. Foto del autor del blog.
Así presentan el plato de chiretas con huevos rotos en el Hotel Monte Perdido de Bielsa. Foto del autor.

Ya conocéis mi especial predilección por las chiretas, esa preparación elaborada con tripas y menuceles de cordero que antaño constituía un plato habitual en muchas casas de los pueblos y aldeas de las comarcas del Sobrarbe, la Ribagorza y el Somontano de Barbastro. Y también sabéis que hace unos meses constituimos una cofradía gastronómica dedicada a ensalzar la chireta y la torteta, tal como explicamos en esta página de este blog.

Hace unos días, en una visita por los valles de Chistau y de Pineta, recalamos en el restaurante del Hotel Monte Perdido, en Bielsa, para almorzar y seguir nuestra ruta por Plan y la pista que conduce desde ese valle al de Benasque, a través de Chía. Es un hotel que fue reformado hace poco y que ofrece unas instalaciones modernas y confortables, tanto en sus habitaciones como en su bar y su restaurante.

Ofrecen un menú con una estupenda relación entre la calidad y el precio, en el que no suelen faltar platos con arroz y elaboraciones tradicionales, como las chiretas, con un toque actualizado. Ese día eran unas chiretas con huevos rotos y salsa de queso roquefort, una combinación que no había probado nunca y que me pareció muy acertada.

El plato lo presentan con la base de rodajas de chireta rebozadas y fritas, napadas con la salsa del queso, y sobre ellas van los huevos fritos para que el comensal los rompa a su gusto o los deguste a la manera tradicional, untando pan y alternando cada bocado con otro de chireta. Es una combinación muy acertada y si encima el punto de la cocción del arroz que lleva la chireta está conseguido, como era el caso, el resultado es un plato exquisito.

Con este primero, bastante contundente, un segundo de chuletas de cordero a la brasa -con su correspondiente guarnición de patatas fritas- y un postre ligero, el cuerpo y el espíritu quedan más que satisfechos para continuar el itinerario turístico por la tarde. Apunto lo del postre ligero porque ya no había sitio en el estómago para atacar la estupenda y recomendable crema catalana que sale de la cocina de este hotel belsetano.

Vacas pastando tranquilamente en prados junto a la pista de Chía. Foto del autor del blog.
Vacas pastando tranquilamente en prados junto a la pista de Chía. Foto del autor.

Lo que sí es mejorable en este restaurante es la carta de vinos, pues todos los que ofrecen pertenecen al grupo bodeguero Sommos, así que la oferta queda limitada a muy pocas referencias. En este caso, fuimos bien servidos con una botella de Alquez, una garnacha con bastante cuerpo que elaboran con cepas viejas en la comarca de Calatayud. 

Al coronar el puerto en la pista de Chía nos encontramos con una manada de preciosos caballos. Foto de Cristina Martín.
Al coronar el puerto en la pista de Chía nos encontramos con una manada de preciosos caballos. Foto de Cristina Martín.


domingo, 24 de agosto de 2025

El Cinca, el hijo mayor de Monte Perdido (y II)

Muchos de los sobrarbenses o ribagorzanos que abandonaron sus casas en la montaña se asentaron después en ciudades de la tierra baja como Barbastro, Monzón o Fraga, en las que han podido seguir escuchando el rumor de tu cauce. 

El Cinca, a su paso por Monzón.

Tú les traes noticias de lo que ha ido sucediendo aguas arriba, les hablabas de las penas por los que seguían marchando, pero también les acercabas las nuevas de los que peleaban por mantener sus medios de vida, sus señas de identidad culturales y sus costumbres ancestrales, algunas de ellas recuperadas, como la Morisma de Aínsa, los carnavales de Bielsa o Chistau y el descenso de las navatas con las que antaño tú transportabas las riquezas madereras desde los valles altos hasta las tierras llanas. 

Tu rumor, recogido de las aguas que el Cinqueta vierte a ti en Salinas, también les hablaba de esos intentos desesperados por fijar la población en los pueblos más lejanos, de ese grito desgarrado de los solteros de Plan reclamando mujeres con las que poder formar una familia y mantener el fuego encendido en sus hogares para generaciones posteriores. 

El Cinqueta baña el valle de Plan.

Algunos de los que emigraron encontraron su medio de vida en los complejos industriales creados junto a tu cauce, sobre todo en Monzón y en Barbastro. Otros mantuvieron sus actividades agrarias y ganaderas en las nuevas zonas de regadío impulsadas por el Canal de Monegros que abasteces desde el pantano de El Grado -cómo no acordarse del vino del Somontano a cuya crianza contribuyes aportando millones de gotas de agua con los sistemas de riego que atraviesa este canal- o por el Canal de Aragón y Cataluña que bebe del embalse de Barasona, en la cuenca de tu río hermano Ésera, del que tú mismo te nutres poco antes de llegar al término de Barbastro. 

Este río, que recibe a su vez al Isábena en Graus, es tu más caudaloso afluente. Tiene la fortuna de atravesar paisajes bellísimos y pueblos como Benasque, Campo, Castejón de Sos y la citada localidad grausina, en las que se convierte en un privilegiado testigo del legado artístico e histórico que los siglos han ido depositando en estos valles. 

El río Ésera, en el embalse de Eriste. Foto del autor.

Pueblos con sabor medieval o iglesias y ermitas que son auténticas joyas del arte románico salpican los valles de Sobrarbe y Ribagorza cuyas aguas van a parar a ti, Río Cinca. Por eso eres un río culto y también un río sabio, y te sabes adaptar por igual a las angostas gargantas y profundas foces de tus tramos superiores como a las mesetas áridas y espaciosas del Somontano.

Esencias del Guara y el Vero 

Antes de llegar a estas tierras bajas ricas en viñas y almendros recoges rumores de otros lugares privilegiados de tu cuenca, como el Valle de la Fueva, cuyos aromas llegan a tu cauce a través del río de la Nata y del Usía.

Algo más abajo, te llegan las esencias recogidas en la sierra de Guara por el Susía y por el Vero, otro río fundamental en el panorama de tu cuenca, pues en él se han encontrado los más antiguos vestigios de la presencia humana en tu zona de influencia. Los yacimientos  arqueológicos y la práctica de los descensos de barrancos han dado gran actualidad a este río que baña la fértil huerta barbastrense, cuyos ricos productos se venden desde hace cientos de años en los tradicionales mercados de la capital del Somontano. 

El Vero, a su paso por Barbastro.

Por los restos hallados en las cuevas y abrigos de la ribera del Vero sabemos que nuestros antepasados poblaban estas tierras desde el Paleolítico. Son muchos siglos de historia que se enriquecieron con la llegada de numerosas corrientes migratorias de pueblos indoeuropeos a través de los pasos naturales del Pirineo. 

Los romanos también dejaron constancia de su sueño imperial en diversas partes de tu recorrido, sobre todo en las proximidades de tu desembocadura en el Ebro. Algunos restos de su cultura han sobrevivido hasta hoy, aun a pesar de las correrías de los visigodos y de las luchas entre cristianos y árabes, necesarias para que el Reino de Aragón expandiese sus posiciones en tus riberas a través del Ara y de la plaza fuerte de Boltaña, la otra gran capitalidad, junto a Aínsa, del Sobrarbe milenario, en el que transcurre toda tu niñez y juventud.

Unión de los ríos Cinca y Segre. Foto de Vriullop.

La fecundidad cultural te acompaña también en tu madurez como río. De esa riqueza invisible atesorada bajo tu caudal bebieron en su niñez los que ya son inmortales naturales de tu ribera, como los barbastrenses hermanos Argensola, como Ramón José Sender, que paseó su genialidad creadora en tus riberas durante su infancia, tras venir al mundo en Chalamera.

O como el sabio de la literatura española José Manuel Blecua, al que viste nacer en Alcolea, y el tenor Miguel Fleta, que vio la primera luz en Albalate de Cinca. 

En tus últimos tramos de vida, te expandes, orgulloso, para llenar de riqueza y de vida los términos agrícolas de Fraga y Torrente de Cinca. Poco después de unirte al Segre, marchas decidido a tu unión con el Ebro, en donde encuentras el sabor de otras antiguas tierras de Aragón que el padre de todos los ríos ha ido tomando durante su periplo por el viejo Reino. 

Navegando por el Ebro, en Benifallet. Foto del autor.

Así te recuerdo, Río Cinca, como ese hijo mayor de la montaña inmutable e imperecedera, nexo de unión entre tierras y hombres, camino y despensa de los pueblos por los que pasas, espejo cristalino que estamos obligados a conservar para que puedan reflejarse y reconocerse en él las generaciones a las que tendremos que entregar el testigo en el futuro. 

El embalse de Mediano, visto desde Muro de Roda. Foto del autor.

Tal vez algún día de ese incierto tiempo que ha de venir, lo que quede de nosotros habrá sido esparcido entre los almendros en flor del Somontano barbastrense y alguna minúscula brizna llegue hasta tu cauce, arrastrada por el viento o mecida por las aguas del Vero. Volveremos a sumergirnos en tu rumor inconfundible, que nos acompañará en el plácido sueño que nos ha de llevar a ese mar lejano cuyas gotas evaporadas volverán a recoger, en forma de lluvia, la magia de Monte Perdido.

domingo, 17 de agosto de 2025

El Cinca, el hijo mayor de Monte Perdido (I)

Siempre me ha gustado el rumor de tus aguas. Era muy niño cuando descubrí la hermosura de tus lechos y la grandiosidad de tu cuna, por la que das tus primeros pasos, en el valle de Pineta.

Cascadas de Pineta donde nace el río Cinca. Foto del autor.
Cascadas de Pineta donde nace el río Cinca. Foto del autor.

Tan virgen era en aquellos años el Pirineo, que los vehículos atravesaban directamente el cauce sumergiendo sus ruedas en tus aguas heladas. Desde entonces, Río Cinca, me ha acompañado tu recuerdo, enriquecido por posteriores estancias veraniegas en campamentos juveniles junto al entonces recién estrenado Parador de Monte Perdido y junto al antiguo sanatorio ubicado al lado del embalse de Pineta, cerca de Javierre. 

Pocas veces me he sentido tan libre como cuando ascendí desde el fondo del valle hasta el Balcón y el lago de Pineta, a unos 2.500 metros de altitud, donde echas a andar y comienzas ese largo y rico trasiego de 170 kilómetros que das hasta entregarte al padre Ebro, junto a Mequinenza. 

Una de las cascadas del fondo del Valle de Pineta, donde da sus primeros pasos el Cinca.
Una de las cascadas del fondo del Valle de Pineta, donde da sus primeros pasos el Cinca.

Es allí, en Pineta, o en otros parajes incomparables de los valles adyacentes de los que surgen las aguas que luego te hacen más caudaloso -me vienen a la memoria los lagos de Urdiceto (junto a Parzán) o la Balsa La Mora (en el valle de Chistau)- donde mejor se escucha el silencio que producen los copos de nieve al caer sobre la tierra helada, una de las experiencias más reconfortantes para los amantes de la montaña. 

En tus primeros kilómetros de vida, macizos mágicos y misteriosos, como las Tres Sorores, y montañas que han marcado los recuerdos de generaciones enteras de sobrarbenses, como Cotiella o la Peña Montañesa, te saludan al pasar. Y no te resignas a decir adiós a la cima de Monte Perdido, cuya memoria te acompaña hasta las tierras bajas pues su imagen sigue velando tu niñez y tu juventud, hasta que te adentras en las fértiles tierras bajocinqueñas

Embalse de Pineta, junto a la localidad de Javierre.
Embalse de Pineta, junto a la localidad de Javierre.

Es Monte Perdido el símbolo supremo del pireneísmo, monumento pétreo que parece esculpido por la naturaleza en homenaje al pueblo aragonés, constante en sus anhelos y duro y resistente contra las adversidades que le deparan la historia o el egoísmo de los hombres. Él guarda en sus cuevas y grutas heladas el oculto misterio de las nieves perpetuas, de las que tú, Río Cinca, amamantas aun en los años de sequía pertinaz.

GENTES Y PUEBLOS 

En tu descenso vas bebiendo de grandes y pequeños cursos de agua: el Barrosa, el Real, el Cinqueta, el Irués, el Río de la Garona, el Yaga o el Bellos, en cuyas desembocaduras se localizan pequeños núcleos como Salinas, Hospital de Tella y Escalona, antes de llegar a Aínsa, donde recibes al Ara, ese otro gran río que te acerca las reservas de la otra parte de la gran despensa natural que es Ordesa y Monte Perdido. Las gentes de estas poblaciones situadas en los cruces de cauces son hospitalarias y conservan todavía las actividades relacionadas con la hospedería y las comunicaciones. 

Las pozas de Puyarruego, en el río Bellos, afluente del Cinca. Foto de Huesca La Magia.
Las pozas de Puyarruego, en el río Bellos, afluente del Cinca. Foto de Huesca La Magia.

Estos altos en el camino también ocupan un lugar preferente de mi memoria de infancia en esas idas y venidas junto a tu cauce, en el que tantas veces he bañado mi cuerpo y mi espíritu, en Pineta, en Salinas, en Hospital de Tella, en Escalona, en el Puente de las Pilas o en la Boquera barbastrina. ¡Cómo me reconforta tu transparencia cada vez que vuelvo a tu lado!

Conforme desciendes hacia el llano, los valles por los que discurres se van llenando de localidades más o menos pobladas, incluso algunas abandonadas por efecto de la emigración de los años sesenta y setenta. Algunos de esos pueblos, como Mediano, los engulliste en la profundidad de los pantanos que fueron construyendo en tu cauce o en los de tus afluentes, y los viejos mapas se fueron llenando de pequeñas bolsas azules, en forma de heridas para quienes les fueron expropiadas sus casas y haciendas y expulsados de los lugares en los que habían vivido sus antepasados desde cientos, tal vez miles de años antes.

El embalse de Mediano. Al fondo, el tozal de Muro de Roda, en La Fueva. Foto del autor.
El embalse de Mediano. Al fondo, el tozal de Muro de Roda, en La Fueva. Foto del autor.

El campanario de Mediano todavía despunta entre las aguas del pantano, sin resignarse a perecer en el naufragio provocado por esa enorme masa de olvido.

La torre de la iglesia de Mediano, testigo de donde quedó el pueblo inundado por el pantano.
La torre de la iglesia de Mediano, testigo de donde quedó el pueblo inundado por el pantano.

De todos los ríos que van a desembocar a ti, sólo el Ara ha sido protegido por los dioses de las aguas y permanece inmaculado, sin presas que estorben el normal discurrir de su corriente. El malogrado embalse de Jánovas ha convertido a este río en símbolo de una lucha duramente librada por los montañeses. Esa victoria, sin embargo, no impidió que muchos pueblos se vaciasen y que el futuro del valle quedase hipotecado por más de medio siglo de amenaza de inundación.

(Continúa en la siguiente entrada)

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