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viernes, 3 de julio de 2026

Paseando bajo el Arco del Deán

El Arco del Deán es uno de los focos de atracción turística más concurridos de Zaragoza, tanto por su proximidad a la catedral de La Seo y del Pilar como por su historia y sus detalles arquitectónicos, además de que es objeto de algunas leyendas sin fundamento sobre su construcción en el siglo XIII como parte de la residencia del deán del cabildo de la catedral, dependencia que quedó unida al edificio catedralicio por el pasillo sustentado por el famoso arco.

El Arco del Deán, visto desde la plaza de San Bruno. Foto del autor del blog.
El Arco del Deán, visto desde la plaza de San Bruno. Foto del autor.

Sobre el arco se abren dos ventanales, uno ajimezado abierto en forma de galería hacia la Plaza de San Bruno y otro rectangular hacia la calle de la Pabostría. En la decoración de estos ventanales se utilizaron motivos mudéjares y platerescos. El mudéjar y el plateresco están presentes también en el interior de la casa, con destacadas techumbres de madera, como la del vestíbulo, inspirada en la de la iglesia de Torralba de Ribota, joya del mudéjar aragonés, o la del gran salón, inspirada en las cubiertas del Palacio de la Aljafería. Son también mudéjares los motivos en yeso que decoran la escala central.

La Casa del Deán tuvo, a lo largo de su historia, ilustres moradores, como Pedro Cerbuna, Pedro de Urrea, Antón Sánchez o Fernández de Navarrete. En el siglo XVI fue reformada y restaurada, quedando tal como la conocemos hoy, aunque durante la Guerra de la Independencia sufrió graves daños. Entrado el siglo XX fue abandonada por los deanes debido a las malas condiciones de habitabilidad y en 1951 se declaró su ruina inminente. Dos años después fue adquirida por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, hoy Ibercaja, que financió su restauración. Actualmente es un centro que alberga importantes obras del patrimonio artístico de la entidad y se utiliza como residencia de visitantes ilustres de Zaragoza.

Detalle del ventanal en forma de galería que da hacia la plaza de San Bruno.
Detalle del ventanal en forma de galería que da hacia la plaza de San Bruno.

Yo suelo pasar a menudo bajo este arco intentando escuchar los ecos que dejaron en las esquinas y rincones de su bóveda personajes más o menos importantes del pasado, reales o imaginarios, como Calisto y Melibea, que tal vez pasearon su amor bajo sus arcadas gracias a la intervención de la Celestina, personaje central de la tragicomedia cuya acción se situaría por esta zona de la Zaragoza antigua, según argumentó con rigor el eminente profesor José Guillermo García Valdecasas en su obra 'La adulteración de La Celestina'

Hace unos años publiqué un artículo sobre el Arco del Deán en un especial de Heraldo, que fue ilustrado con un dibujo de Calpurnio Pisón, gracias a quien vemos pasear al Bueno de Cuttlas bajo esta seña de identidad del Casco Histórico zaragozano. Ahí van el dibujo y el artículo en cuestión.




Tras los caminos del sol 

Hoy he vuelto a pasar bajo el arco del Deán, añorado pórtico de juventud, paso obligado durante las rondas nocturnas de nuestras primeras salidas estudiantiles, en aquellos años de tránsito en los que íbamos descubriendo las islas del tesoro de una vida prometida con nuestras únicas brújulas de la esperanza y de la ilusión, sin mapas de otras vidas ni de otros navegantes que preferían dejarnos al pairo del destino, para que nos bregáramos en solitario enfrentándonos a los golpes de mar y a las tempestades. Viajes casi siempre rápidos, demasiado rápidos, en los que no prestábamos atención ni a los sinsabores del desamor ni a las verdades escondidas en algunas escenas de películas. Casi no sabíamos leer entre líneas en las novelas de aventuras ni memorizábamos las melodías que ahora rescatamos del olvido (los problemas de ayer hoy nos hacen reír, como dice una canción de Pepe Rodríguez).
Este arco es otra línea de sombra bajo la que vamos marcando itinerarios de nuestra existencia. Lugar propicio para las pendencias y duelos a espada entre caballeros medievales o artistas del Renacimiento, cobijo para los encuentros de enamorados, tal vez de los de Calisto y Melibea, con los auspicios de La Celestina, aquella mujer presente en tantos siglos de historia de este país, que habitaba una casa allá por las Tenerías y que recorría el barrio estudiantil, calle Arcedianos arriba y abajo, ora hacia la Magdalena, ora hacia el Mercado. Algún culto y letrado prohombre, posiblemente aragonés, la inmortalizó de forma anónima en una tragicomedia esencial para la literatura española. No desveló su autoría, tal vez para esconder su afición al desahogo y al regalo que le producían las visitas a la desvencijada casa de Celestina a orillas del Ebro, en la que igual se suministraban pócimas secretas para el mal de amores que se facilitaban alcobas en las que yacer con jóvenes necesitadas de favores o de monedas.
He vuelto a pasar bajo el Arco del Deán, imaginándolo laureado, engalanado con cintas y guirnaldas de cien colores, dejando atrás una noche de fiesta, abriéndome paso entre cientos de almas en pena atrapadas bajo su aureola, sorteando rutas prohibidas, quemando itinerarios de un año (ya no hay caminos para el retorno), de pilares a pilares, de octubres a octubres, tarareando la última canción que me hizo sonreír y sentirme despierto y vivo, buscando de nuevo los caminos del sol.

martes, 31 de marzo de 2026

La olvidada torre inclinada de Zaragoza

La torre inclinada de la iglesia de San Juan de los Panetes de Zaragoza constituye uno de los escasos ejemplos de este tipo de 'malformaciones' en edificaciones de una considerable altura, siendo la torre inclinada de Pisa la más conocida, por lo que es un centro de potente atracción turística para esa ciudad italiana y para la comarca de la Toscana. 

Desde el Mercado Central se aprecia bastante bien la inclinación de la torre de San Juan de los Panetes. Foto del autor del blog.
Desde el Mercado Central se aprecia bastante bien la inclinación de la torre de San Juan de los Panetes. Foto del autor.

"No hace falta viajar hasta Italia para ver una torre inclinada; uno de los elementos más característicos de San Juan de los Panetes es su torre octogonal del siglo XVI y su inclinación se debe a problemas de cimentación", reza la página del Ayuntamiento zaragozano dedicada al conjunto de San Juan de los Panetes en su portal de Turismo.

Sin embargo, esa referencia es la única llamada a conocer este curioso elemento arquitectónico, que provoca la atención de quienes se percatan de su inclinación, que tampoco es muy palpable desde todas las perspectivas en las que puede presenciarse desde los alrededores.

En esta perspectiva desde la fuente de la Hispanidad, la torre de San Juan de los Panetes destaca por su iluminación interior. Foto del autor del blog.
En esta perspectiva nocturna desde la fuente de la Hispanidad, la torre de San Juan de los Panetes destaca por su iluminación interior. Foto del autor.

Porque si uno se adentra en la iglesia y se interesa por la posibilidad de conocer más detalles sobre esta torre, no existe ningún elemento informativo al respecto. Y si se le pregunta a alguna de las hermanas del anexo convento de las Nazarenas, se constata que no es posible visitar la torre ni, mucho menos, subir por su interior hasta lo más alto de esta construcción, que fue levantada a finales del siglo XVI, enteramente de ladrillo, de planta octogonal y con cuatro pisos, en los que pueden observarse ventanas con arcos de medio punto y óculos, que rematan en un chapitel bulboso, siguiendo las directrices de la arquitectura barroca.

En 1680 ya fue objeto de algunas reparaciones dentro de una campaña de trabajos de todo el conjunto, que renovaría totalmente su imagen. Y durante el siglo XVIII se construye una nueva iglesia, que se concluye en 1720 tras derruirse el anterior templo medieval, que era de una sola nave, mientras que el nuevo templo basilical consta de tres naves y sobre el crucero se levanta un cimborrio. 

Interior de la Iglesia de San Juan de los Panetes. Foto del autor del blog.
Interior de la Iglesia de San Juan de los Panetes. Foto del autor.


Reparto de panes

Éstos y otros muchos detalles sobre la historia de este conjunto religioso y sobre al adjunto torreón de la Zuda los he sacado de un interesante estudio elaborado por la historiadora del arte Pilar Lop Otín, titulado 'San Juan de los Panetes de Zaragoza: estudio histórico-artístico de un convento hospitalario', que fue publicado por la Institución Fernando el Católico en 2015.

La anterior iglesia, de la Orden de San Juan de Jerusalén o de los Hospitalarios, de estilo románico, debió ser la primera iglesia cristiana consagrada en Zaragoza y albergaba el culto del convento de la orden, entre cuya importante labor asistencial estaba la de elaborar y repartir el pan a los pobres (de ahí que se la conociese como San Juan de los Panetes). Fue levantada en los siglos XII y XIII y dedicada a la Virgen y a San Juan Bautista.

'San Juan de los Panetes y antiguo Palacio de la Azuda en Zaragoza', acuarela realizada en junio de 1855 por Valentín Carderera. Fundación Lázaro Galdeano.
'San Juan de los Panetes y antiguo Palacio de la Azuda en Zaragoza', acuarela realizada en junio de 1855 por Valentín Carderera. Fundación Lázaro Galdeano. Esta acuarela nos ofrece una vista poco conocida del conjunto hospitalario desde la arboleda de Macanaz. En el centro del conjunto destaca una de las puertas de acceso a la ciudad, la de San Ildefonso o de la Tripería.


Un centro de interpretación

Preparando este artículo pensaba en lo interesante que sería conocer el origen y la evolución histórica y urbanística de esta parte de Zaragoza, tal vez en un centro de interpretación que bien podría ubicarse en alguna de las plantas del torreón de la Zuda, desde donde hay unas hermosas vistas de San Juan de los Panetes y de su torre inclinada.

La Orden de San Juan de Jerusalén ya está presente en Zaragoza desde poco después de la toma de la ciudad por Alfonso I en 1118. Su instalación definitiva se produciría en 1180, cuando Alfonso II les cede parte de lo que había sido la fortaleza musulmana de la ciudad y terrenos adyacentes.

La fortaleza, conocida como Zuda o Azuda, fue construida por los musulmanes en el ángulo noroeste del recinto amurallado romano. De esa fortaleza sólo se conserva el torreón del mismo nombre, que formó parte también del recinto hospitalario hasta su desaparición.

Vistas de San Juan de los Panetes y de las cúpulas del Pilar desde el mirador de la última planta del torreón de la Zuda. Foto del autor del blog.
Vistas de San Juan de los Panetes y de las cúpulas del Pilar desde el mirador de la última planta del torreón de la Zuda. Foto del autor.

A lo largo de estos siglos fueron muchos los avatares sufridos por la muralla romana, la Zuda y el recinto hospitalario de la Orden de San Juan de Jerusalén. Por ejemplo, los bombardeos y saqueos durante la Guerra de la Independencia y los incendios y destrozos durante la Segunda República y la Guerra Civil.

Y por si todo esto fuera poco, la conservación de lo que iba quedando del convento y de la Zuda estuvo fuertemente condicionada por intensos debates políticos y sociales que se iban produciendo a lo largo de los siglos XIX y XX, en función de intereses urbanísticos que abogaban por el derribo de estos restos, siguiendo la estela de otras muchas pérdidas patrimoniales de la ciudad.

Dos imágenes del torreón de la Zuda a principios de los años 30 del siglo XX. A la izquierda se aprecian los tejados de las viviendas que estaban adosadas a la muralla romana, entonces totalmente oculta. A la derecha, vista del muro Este del torreón durante el derribo del convento sanjuanista.
Dos imágenes del torreón de la Zuda a principios de los años 30 del siglo XX. A la izquierda se aprecian los tejados de las viviendas que estaban adosadas a la muralla romana, entonces totalmente oculta. A la derecha, vista del muro Este del torreón durante el derribo del convento sanjuanista.


Así, el torreón de la Zuda fue parcialmente demolido y reconstruido entre 1881 y 1885, y a punto estuvo de ser nuevamente destruido, junto con la iglesia, en la década de 1930, tras el derribo de las dependencias conventuales y la aparición de la muralla romana. Una de las primeras intervenciones ejecutadas tras el derribo del convento fue la de solucionar la falta de recalce de la iglesia, tras la retirada de tierra de los solares anexos, lo que se habría hecho a propósito, dejando colgado el edificio para que se hundiera y así acometer en esa zona la construcción de un mercado de verduras.

Consolidación de la torre

En noviembre de 1932, el arquitecto conservador de la Junta Nacional del Tesoro Artístico Teodoro Ríos presentaba el proyecto de consolidación de la torre inclinada, que presentaba importantes problemas de cimentación, por lo que había sido apuntalada "directamente sobre el terreno con muchos maderos, pero con poca seguridad". Así que propuso la consolidación definitiva de la estructura mediante "un puntal metálico sobre una placa de hormigón armado con el intermedio de cuatro gatos hidráulicos", obra que consideró de "urgente necesidad".

Proyecto de apuntalamiento de la iglesias y torre de San Juan de los Panetes diseñado en 1932 por Teodoro Ríos.
Proyecto de apuntalamiento de la iglesias y torre de San Juan de los Panetes diseñado en 1932 por Teodoro Ríos.

Al mes siguiente, el arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro apoyaba la concesión de la licencia y del desarrollo posterior de las obras se encargaría Francisco Iñíguez, que sustituyó a Ríos en el cargo de arquitecto conservador.

Tras la Guerra Civil, la consideración que el Ayuntamiento tenía sobre el valor de estas construcciones cambió radicalmente, puesto que pasaron de ser prescindibles a ser parte capital del complejo proyecto de creación de la nueva plaza del Pilar, desde la que se puede contemplar la poco valorada torre inclinada de San Juan de los Panetes, que de noche, eso sí, destaca por su iluminación interior y forma una bella estampa con las coloreadas cascadas de la fuente de la Hispanidad.

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