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martes, 28 de abril de 2026

Coque Malla, como pez en el agua sobre las tablas del Principal de Zaragoza

El pasado sábado asistí a la puesta en escena en el Teatro Principal de Zaragoza de 'La ópera de los tres centavos', un montaje en el que debuta sobre los escenarios teatrales el gran músico madrileño Coque Malla, al que durante los cinco días en que ha estado en cartel la obra hemos podido verlo pasear por la capital aragonesa.

Coque Malla, con el resto de actores de 'La ópera de los tres centavos'. Unahoramenos producciones.

Me sorprendió gratamente la labor en este vodevil del que fuera líder de Los Ronaldos, ya que demuestra que ha heredado la fuerza y potencia artística de sus padres, los cómicos Gerardo Malla y Amparo Valle. Esta adaptación de 'La ópera de tres centavos' se sitúa en Londres entre las dos guerras mundiales, en un escenario sórdido en el que reina la traición y la ley de los bajos fondos.  

La obra comienza con algunos diálogos algo complicados que auguran cierto aburrimiento, pero poco a poco la acción va despegando gracias, en gran parte, a la estrategia del director y productor Mario Vega, que adopta la técnica de la alienación de Brecht, renunciando a la ilusión teatral e invitando al público a reflexionar sobre lo que está viendo en el escenario, en el que los actores cambian de vestuario y mueven el decorado a la vista del público. Además, se rompe la 'cuarta pared' y los intérpretes interactúan directamente con los espectadores, haciendo preguntas y reclamando, en algunas ocasiones, su aprobación en forma de ovaciones.

Bertolt Brecht denunció con esta obra la prostitución, la miseria y el abuso de poder en plena crisis económica de aquella época tan convulsa, haciendo una crítica feroz al capitalismo. Coque Malla, en el papel protagonista, da vida a Mack The Knife (Mackie Navaja) en una obra musical que, tras estrenarse en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas, está girando por toda España. 

Malla se ha enfocado en este proyecto, lo único que acometerá en 2026, tras culminar la gira de celebración de sus 40 años sobre los escenarios. En alguna entrevista ha confesado que necesitaba salir por un tiempo de la vorágine laboral: «Estaba empezando a sentir un poco de rueda rutinaria: componer, grabar, reunión con la compañía, con el mánager, preparación de gira, ensayos, gira y vuelta a empezar. Es una rueda maravillosa, divertida y acojonante... pero una rueda. Se iba a repetir muchos años y empezaba a sentir el 'síndrome hámster'».

A Malla y el resto del elenco de actores y estupendos músicos que conforman la compañía se les veía disfrutar en plena armonía, sobre todo al músico madrileño, al que se notaba como pez en el agua sobre las tablas del Principal.

Coque Malla, en 'La ópera de los tres centavos'. Unahoramenos producciones

Tan a gusto se ha encontrado durante el puente de San Jorge en la capital aragonesa, que el pasado domingo anunció en sus redes sociales que estaba sintiendo ya el mono de los escenarios musicales, por lo que este lunes, día 27, iba a celebrar un concierto en el Rock & Blues del Tubo zaragozano

Pero al ser un local con poco aforo, las 200 entradas disponibles se agotaron en apenas dos horas, con lo que muchos de quienes hubiéramos ido a disfrutar de canciones como 'No puedo vivir sin ti' o 'Me dejó marchar', nos quedamos con las ganas. 

Sin embargo, al final este concierto tuvo que suspenderse a causa de una faringitis aguda que le fue diagnosticada en un hospital zaragozano el mismo lunes por la mañana y que ya mermó su última actuación en el Principal, el pasado domingo. Más tarde, el músico anunció que el concierto en el Rock & Blues tendrá lugar el próximo día 11 de mayo. No sé si habrá posibilidad de escucharlo ese día, aunque por lo menos pudimos verlo y oírlo dando el do de pecho como protagonista de 'La ópera de los tres centavos'.

miércoles, 15 de abril de 2026

La Ronda montañesa

Pocas cosas hay tan emocionantes como sentir la magia de las montañas penetrar en los pulmones confundida con el aroma del boj y del pino, oírla cómo se fusiona con el rumor del río Cinqueta sorteando rápidos y acariciando piedras milenarias. Contemplarla reflejada en aguas cristalinas bebidas siglo tras siglo por parejas de enamorados de Chistén para apagar su sed de pasión.

Portada de uno de los discos de La Ronda de Boltaña.

A la magia de la montaña se la ve en las cumbres de Cotiella y de la Peña Montañesa, deslizándose por sus laderas hacia Entremón, hacia Laspuña y Badaín, llevada por la neblina de los atardeceres otoñales. Se la siente bajo el dolmen de Tella, fiel testigo del paso del tiempo, cruzando por estos parajes de belleza interminable hacia las cumbres de Monte Perdido y los bosques y cascadas de Ordesa. Navega desde el valle de Pineta entre las aguas del Cinca bajando hacia Aínsa y Mediano, remansándose en pantanos bajo los que naufragaron los sueños de adolescentes a los que fascinaban las profundidades de los mares lejanos.

Esta magia está en constante ebullición bajo la tierra del cementerio de Saravillo, donde la leyenda mantiene viva la llama de personajes inolvidables, como mosén Bruno Fierro, mucho más venerado en estos lares que afamados santos oficiales de la tierra baja.

Es el sentimiento que, cada primavera, reverdece con la albahaca de las huertas y balcones, invitando a la fiesta en todos los pueblos del Alto Aragón, propiciando la ronda que lleva música y amistad de casa en casa y de pueblo en pueblo. Es el recuerdo por los pueblos vacíos como Sieste, Ascaso, Margudgued y Aguilar, por las casas derruidas y las haciendas yermas de Santa Justa, de Fumanal o Pamporciello, lugares en los que ya sólo habitan tenaces relojes de sol que cuentan el tiempo que falta por ver volver a los que se fueron.

Es la magia de la música del laúd que tocaba el abuelo Ángel de casa Gabás con sus hermanos y sus amigos, cuando aún eran jóvenes, en Señes y Serbeto, en Plan y en San Juan. Es el sonido de la gaita que despertaba en la mañanada a los recién casados haciendo sentir sus ecos por los valles, solanas y sobremontes. Es esa misma música de La Ronda de Boltaña que, con sonidos de viejos palotiaus y melodías sorprendentes como 'O viento rondador''Habanera triste' y 'Luz de otoño', inunda los corazones y atenaza las gargantas al rememorar los viejos lugares que nos vieron nacer y crecer.

Es la magia de haber conocido la montaña, de haberse enamorado de ella y de no poderla olvidar nunca jamás.

La Ronda de Boltaña, con la silueta de la Peña Montañesa al fondo.

Un artículo homenaje

El texto que precede corresponde a una columna que publiqué hace unos años en la contraportada de Heraldo en homenaje al 25 aniversario de La Ronda de Boltaña. Su música y sus letras siempre nos han emocionado a quienes llevamos la montaña en el corazón. Les sigo los pasos desde sus primeros años, en la década de los noventa, y los he visto actuar muchas veces en Boltaña, en otros pueblos del Sobrarbe, en Barbastro o en Zaragoza. Ahora, con la llegada del buen tiempo, los rondadors empiezan a tener muchas actuaciones y visitarán numerosos lugares por todo Aragón. Podéis consultar sus próximas actuaciones en este enlace de su página web.

lunes, 16 de marzo de 2026

Llegar a la indiferencia

Me encuentro con un antiguo colega de la Universidad, al que hace años que no veo. Hemos dejado ya muy atrás aquellos años setenteros y ochenteros de pelos largos, audiciones de rock duro y bailes discotequeros. Él, funcionario de carrera, jubilado, como yo, aunque totalmente ajeno ya a su quehacer laborar de varias décadas.

Pero yo sigo dándole a las teclas para ir llenando esta bitácora, lo que me permite seguir desarrollando mi profesión con total autonomía y libertad y, de paso, contribuir a tener la cabeza ocupada y la mente despierta y atenta a las noticias y asuntos relevantes relacionados con la temática que voy reflejando en este blog.

Frase que ideé para las paredes de un restaurante zaragozano ya desaparecido. Foto del autor del blog.
Frase que ideé para las paredes de un restaurante zaragozano ya desaparecido. Foto del autor.

Mi amigo no acaba de entender que siga este trabajo por amor al arte, sin recibir más que satisfacciones personales a cambio. Dice que prefiere acogerse a la doctrina taoista que propugna esa máxima a la que somos muy dados en occidente cuando alcanzamos la jubilación: una vez cumplida la obra, retírate.

Pero yo siempre digo que los periodistas somos como los policías, que si ven la comisión de un delito estando fuera de servicio, de vacaciones o jubilados, van a actuar igualmente para intentar atrapar al delincuente. Nosotros olfateamos las noticias a tiempo total y morimos con las botas puestas.

Disfrutando de la primera 'cena de los sentidos' a la que asistí, en Bodegas Victoria, de la D. O. Cariñena.
Disfrutando de la primera 'cena de los sentidos' a la que asistí, en Bodegas Victoria, de la D. O. Cariñena. 

Muchos periodistas nos resistimos a pasar a ese estado laboral que yo llamo de indiferencia, situación en la que la sociedad te coloca de un golpe en cuanto cruzas esa línea que conlleva recibir una pensión de jubilación en lugar de una nómina de tu empresa o de la administración. Hay quien tiene que resignarse porque no le queda otra opción, como un famoso cirujano plástico que conozco y que pasó de hacer complicadas intervenciones quirúrgicas a pasear casi toda la mañana por la ciudad de un día para otro. 

Cruzar esa frontera tiene sus grandes ventajas, como pasar a ser dueño absoluto de tu tiempo, liberándote de la tiranía de los horarios laborales y, muchas veces, de los caprichos e incompetencia de algunos de quienes eran tus jefes. Pero por el lado contrario, en esta profesión, tienes que adaptarte a la invisibilidad y al relativo anonimato que supone no estar ya bajo el paraguas de un medio de comunicación o plataforma con mucha más audiencia que un simple blog. 

Durante una cata en el merendero de las viñas de Bodega Enate, junto a Jesús Artajona, Jesús Sesé y Marta Serrano.

Es normal que si ya no estás en el candelero, en primera línea de fuego informativo, los receptores de nuestros mensajes se olviden de nuestros trabajos, incluso de aquéllos que en épocas pasadas fueron merecedores de elogios y hasta de premios y distinciones, por mucho que esa indiferencia pueda parecer un signo de ingratitud, un vicio al que es muy dada la especie humana.

Pero así es la rueda de la vida: no se puede parar, por muchas cuñas que intentemos poner en forma de vivencias, de momentos que nos dan felicidad o de recuerdos imborrables de nuestros mejores días de vino y rosas. Por ejemplo, de encuentros y entrevistas con verdaderos gigantes desde el punto de vista artístico y humano, como Juan Manuel Serrat, al que tuve el privilegio de entrevistar a principios de los ochenta en Huesca, cuando yo hacía prácticas de verano en la delegación del Heraldo en la capital oscense, ciudad en donde estuvo para dar un concierto durante las fiestas de San Lorenzo. Esta canción suya podría ilustrar bien esos raticos felices y otras veces no tanto con los que nos obsequia la vida. Muchos años más tarde, en 2014, compartimos recuerdos de aquel concierto y de aquella entrevista en un vermú en Casa Pascualillo, cuando vino a Zaragoza a participar en el homenaje a José Antonio Labordeta. Encuentro en el que ejerció de perfecto anfitrión Guillermo Vela, propietario del emblemático establecimiento hostelero del Tubo.

Con Juan Manuel Serrat, en un vermú en Casa Pascualillo, en 2014.

Así que tampoco se puede evitar que veamos pasar los días cada vez con más rapidez desde ese tren que nos traslada hacia la vejez y hacia el final de nuestro trayecto vital. Un tren que nos llevará a la estación en la que llegaremos a la indiferencia total (una vez leí que en algunos países latinoamericanos se puede ver en las esquelas mortuorias que publican los periódicos que el finado en cuestión "ha pasado a la indiferencia"). Pero entre tanto, aquí seguiremos para reflexionar sobre lo que acontece a nuestro alrededor y para contarlo a quien esté interesado y que se anime a leer esta bitácora. 


viernes, 9 de enero de 2026

Joan Baptista Humet: el concierto que nunca llegó

Cuarenta años de profesión periodística han dado para mucho archivo material y afectivo. Después de cientos de entrevistas y de asistencias a actos relacionados con la cultura, la política, la comunicación, etcétera, etcétera, siempre quedan marcados especialmente un puñado de experiencias que por la calidad del personaje entrevistado o por la trascendencia del acontecimiento vivido permanecen para siempre en la memoria más inmediata.

Joan Baptista Humet, en uno de sus últimos conciertos. Foto de 'El mundo secreto de las canciones'.
Joan Baptista Humet, en uno de sus últimos conciertos. Foto de 'El mundo secreto de las canciones'.

Una de esas entrevistas es la que le hice hace ya 21 años a Joan Baptista Humet, cantautor cuya trayectoria había seguido desde mi juventud porque la música y el mensaje de sus canciones me llegaban muy hondo. Sus grandes éxitos incluidos en el disco 'Hay que vivir', incluida la inolvidable 'Clara', se escuchaban cada día en las emisoras españolas a principios de los años ochenta, sobre todo en Barcelona, donde yo cursaba estudios de Periodismo.

Humet nació el 4 de enero de 1950 en la localidad valenciana de Navarrés, aunque poco después se trasladó junto a sus padres a Tarrassa, donde vivía su  familia. Hijo de un industrial del sector textil, estudió en las Escuelas Pías, y en 1968 se trasladó a Barcelona para estudiar Arquitectura, pero seducido por las composiciones de Joan Manuel Serrat y de otros artistas, decidió dedicarse a la canción y abandonó sus estudios. A los 18 años cantó por primera vez en un teatro de Tarrassa, junto a Serrat.

Pero justamente 18 años después, con 36, decidió retirarse de la música activa para volver con 51 años cumplidos. En diciembre de 2024 llegó por Zaragoza para promocionar el que era su disco de vuelta al mundo de la música, titulado 'Sólo bajé a comprar tabaco', y tuve la suerte de hacerle la correspondiente entrevista para Heraldo de Aragón.

Página que publiqué en Heraldo con la entrevista a Humet.
Página que publiqué en Heraldo con la entrevista a Humet.

Estuvimos más de dos horas charlando y comentando cosas de su vida y de sus canciones en la cafetería La Factoría. Me pareció una gran persona y rebosaba ilusión por su vuelta a la música. Cuando nos despedimos, me aseguró que me invitaría personalmente al concierto que pensaba dar en Zaragoza al año siguiente, en su gira por España, para la presentación del disco. 

Pero el tiempo fue pasando y los conciertos no llegaron. Dos años después se conoció que padecía un cáncer de estómago que había truncado ese retorno a los escenarios y que acabó con su vida el 30 de noviembre de 2008. Él se fue pero su música sigue estando entre nosotros, tan vigente como cuando se publicó.

martes, 30 de diciembre de 2025

Geografías sentimentales

Casi sin darme cuenta, he ido haciendo una geografía sentimental de las ciudades en las que he vivido y a las que vuelvo de vez en cuando. La rutina del día a día en la urbe en la que habitas en el presente puede resultar, a veces, un impedimento para el disfrute de esos espacios más queridos. 

Mural pintado por el artista barbastrense Amado Berdejo, en el que refleja algunos de los elementos arquitectónicos más característicos de Barbastro.
Mural pintado por el artista barbastrense Amado Berdejo, en el que refleja algunos de los elementos arquitectónicos más característicos de Barbastro.

Como acostumbro a dar largos paseos diarios para hacer ejercicio, he llegado a configurar una auténtica ruta de la felicidad, recorriendo lugares en los que alguna vez vislumbré la luz infinita de las estrellas

El puente donde tuvo lugar un primer beso, la esquina batida por el viento tan propicia para los abrazos, la terraza de un bar en la que paso largas veladas de conversación con amigos o de observación de la fauna urbana, la puerta ajada de aquella vieja taberna en la que disfrutaba de los mejores vermús y que ya desapareció, la parada de bus que cobijó una despedida que, a la postre, sería definitiva... 

Retrato que me hizo Eduardo Bueso en el Paseo de la Independencia, con el edificio del Heraldo de Aragón al fondo.
Retrato que me hizo Eduardo Bueso en el Paseo de la Independencia, con el edificio del Heraldo de Aragón al fondo.

Me pasa también en mi ciudad natal, donde muchas de esas postales urbanas tan entrañables están resguardadas por el inmortal satén de la infancia o de la adolescencia, de forma que allí los recuerdos felices me asaltan por todas partes, sin necesidad de planificar un recorrido determinado. 

Con frecuencia ejercito mi memoria recorriendo una calle o una avenida y rememorando los comercios, bares, talleres u oficinas que había aquí o allá y que han sido sustituidos por otros negocios más actuales. Los recuerdos de mis años más jóvenes corren por esas calles y se abrigan bajo los porches y soportales. Allí están, resistiendo el paso del tiempo, aunque sean invisibles a otros ojos que no sean los míos.

El paseo del Coso, en Barbastro, en donde nací y viví mi infancia y adolescencia.
El paseo del Coso, en Barbastro, en donde nací y viví mi infancia y adolescencia.

Las nuevas generaciones tendrán nuevos recuerdos de cómo son esos rincones y esas calles porque nada volverá a ser como era en el pasado. Lo mismo ocurre con el paisaje humano, ya que el paso de los años ha ido discurriendo de forma paralela al implacable relevo generacional.

Las calles y plazas del centro de Zaragoza, mil veces recorridas cuando paseaba al recordado Dalí. Foto del autor del blog.
Las calles y plazas del centro de Zaragoza, mil veces recorridas cuando paseaba al recordado Dalí. Foto del autor.

Pero los que yo viví son lugares que recordaré toda mi vida, como dice esta inmortal canción de Beatles.

sábado, 1 de noviembre de 2025

'Santa Lucía', de Roque Narvaja, cumple 45 años

Ahora que se cumplen 45 años de la publicación de la canción 'Santa Lucía', que aupó a las listas de éxitos Miguel Ríos, me gustaría reconocer el mérito del autor del tema, el argentino Roque Narvaja, quien también la interpretó, en una versión que a mí me gusta más que la de Ríos

Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.
Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.

"Miguel Ríos tomó esta canción mía, 'Santa Lucía', y la hizo balada y chau. Nos cambió la vida a él y a mí. En 1980 me eligieron el mejor compositor de España y la Sociedad de Autores (SGAE) incluyó 'Santa Lucía' dentro de las mejores 100 canciones de España", rememoraba el compositor argentino años más tarde.

La letra del tema me recuerda una historia que a mí me ocurrió hace ya unos cuantos años, cuando todavía los teléfonos fijos no estaban destinados a desaparecer. Llamó al teléfono de mi casa una señora que se confundió de número y me tomó por otra persona. Intenté sacarla del error pero la mujer, que ya debía ser muy mayor y que me dijo que vivía sola, no se enteraba mucho e insistió en contarme las novedades de su familia, incluido el fallecimiento de un pariente suyo. 

Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.
Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.

El caso es que Irene, así es como se llamaba mi anónima comunicante, siguió llamando algún tiempo, día sí día no, y como llegué a la conclusión de que le faltaba atención y que se sentía escuchada y reconfortada cuando hablaba conmigo, yo terminé por no intentar sacarla de su error y escuchaba todo lo que me decía. 

Así hasta un día que ya no llamó más y supuse que alguien la habría aconsejado que dejase de telefonear a desconocidos. O tal vez algún familiar se había hecho cargo de ella, o quizás había ingresado en una residencia.

Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.
Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.

Esta suplantación de personalidad telefónica no debía de ser tan extraña cuando no existían los móviles y en los teléfonos fijos tampoco era tan fácil saber el número que te estaba llamando, lo que facilitaba también la realización de bromas telefónicas, la mayor parte de las veces graciosas. En este sentido, recuerdo que un amigo de mi adolescencia, allá en Barbastro, que imitaba muy bien las voces de personajes muy conocidos en la ciudad, a veces se divertía llamando a almacenes y tiendas haciendo pedidos en nombre de otras personas, a las que no debía gustarles nada recibir paquetes que ellos no habían solicitado.  

Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.
Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.

Una confusión telefónica da pie a la trama de 'Ciudad de cristal', novela que forma parte de la 'Trilogía de Nueva York' de Paul Auster, obras que lanzaron al estrellato a este escritor estadounidense, que ya nos dejó hace poco más de un año. 

Comienza de esa forma, con una llamada equivocada al domicilio de un escritor, al que confunden con un investigador privado. Y él deja seguir el equívoco y ahí empieza todo. Y lo bueno es que le ocurrió a Auster de verdad y a partir de ahí ideó la novela, que es muy recomendable. ¿Os ha pasado a vosotros algo parecido?

domingo, 19 de octubre de 2025

El encanto de las orquestas estivales

Recorren incansables los pueblos, desde las altas montañas del Pirineo a las secas planicies de los desiertos monegrinos. Llegan envueltos en una aureola de ilusión, con sus viajadas maletas de mano, en las que guardan instrumentos y partituras. Son los herederos directos de los cómicos y hombres orquesta que recorrían comarcas enteras en el verano desde hace muchos lustros. 

A mediados de los años 80 formé parte de uno de estos grupos, por lo que conozco muy bien su dinámica y funcionamiento. Algún tiempo después publiqué un reportaje en las páginas de verano de Heraldo de Aragón en el que hablaba de la actividad de estos grupos y que recupero para que lo leáis ahora en el blog.

El grupo zaragozano Albatros en una de sus actuaciones.
El grupo zaragozano Albatros, en una de sus actuaciones.

Hay una canción cuya letra compuso Víctor Manuel y que popularizó Miguel Ríos, 'El Blues del autobús', algunas de cuyas estrofas definen con gran exactitud la vida de los numerosos hombres y mujeres que viven de las giras musicales durante el verano, en sus diferentes niveles: «Cada día despierto/en distinta habitación/donde doy con mis huesos/cuando está naciendo el sol./Dormimos poco y mal/quemando la salud/ para llegar al quinto infierno/donde cantaré de nuevo./ ¿Qué estarás haciendo tú?/Cada día un concierto, un ensayo, una tensión/que controlo sabiendo/que es mi vida lo que doy./ Siento que el equipo aquel, nunca suena igual/qué misterio habrá,/si podemos conectar lo demás se puede olvidar».

Aquí estoy tocando la guitarra con el grupo en el que participé a mediados de los años 80.
Aquí estoy tocando la guitarra con el grupo en el que participé a mediados de los años 80.

Este 'pan de cada día' de los músicos, con un denominador común que es el continuo vagar durante todo el verano, tiene, sin embargo, algunas diferencias para las estrellas consagradas y para los 'peones' de esta actividad.

Mientras los primeros cobran cantidades notablemente superiores, estos últimos son los obreros de la música: los componentes de conjuntos y bandas musicales que recorren multitud de pueblos  amenizando las sesiones de baile de tarde y noche, normalmente en las plazas mayores de las distintas localidades, bajo el único techo de las estrellas del cielo.

Hasta finales de junio, sus actuaciones son esporádicas. Solo algún fin de semana en las fiestas más tempraneras rompe la monotonía de sus ensayos, en los que repiten hasta el hastío las melodías con las que luego bailarán cientos de personas en las fiestas de los pueblos. Hay que ir acoplando los instrumentos y las voces en cada canción, especialmente las últimas novedades que figuran en los primeros lugares de las listas de éxitos. Con el transcurrir de las actuaciones, las canciones se irán rodando y llegarán a interpretarlas, en no pocas ocasiones, con idéntica sonoridad que las originales.

La orquesta Meteoro 2.0 no ha parado de actuar en los pueblos de Aragón en este 2025.
La orquesta Meteoro 2.0 no ha parado de actuar en los pueblos de Aragón en este 2025.

El trabajo de ensayar es el menos agradecido. Es como la siembra de la semilla, que irá madurando y de la que sólo podrá recogerse su fruto cuando las galas vayan llenando los espacios del calendario.

Entrado el mes de julio, las actuaciones comienzan a ser más frecuentes, para llegar al clímax del 15 de agosto, festividad de la Virgen, seguramente la fecha más festejada en la España rural. El hecho de que sea ésta la época en que existe una mayor demanda de grupos musicales hace que el 15 de agosto y los días anteriores y posteriores se coticen muy por encima del precio normal de una actuación, hasta el punto de que suele doblarse la tarifa habitual del grupo.

Hasta que llega esa semana clave, los cuerpos de los músicos se van castigando irremediablemente hasta bien entrado el mes de septiembre.

Son pocos los obreros de la música que viven exclusivamente de este trabajo. Para gran parte de ellos la actividad musical constituye un complemento económico de sus quehaceres habituales, de los que se desentienden en la época estival para poder atender convenientemente las galas contratadas.

En la actualidad, la práctica totalidad de los grupos disponen de nutridas formaciones, en las que casi nunca falta la voz femenina, y de costosos equipos de sonido para dar satisfacción al cada vez más exigente gusto del público, lo que convierte a esta actividad en una empresa en la que se requieren importantes inversiones económicas.

El cantante barbastrense Antonio Latorre, actuando con la orquesta Columbia en la sala de fiestas Argensola en los años 60.
El cantante barbastrense Antonio Latorre, actuando con la orquesta Columbia en la sala de fiestas Argensola en los años 60.

La vida del músico de baile es dura y sacrificada. Mientras el público baila y se divierte, los músicos se vacían sobre el escenario para dejar un buen sabor de boca, ya que ello es fundamental para las contrataciones de los años siguientes. Al término de las maratonianas verbenas, los bises se suceden para atender los requerimientos del público.

Por otra parte, el grupo es también un mundo en pequeño, en donde la convivencia diaria se hace a veces difícil y donde los problemas técnicos y humanos deben solventarse puertas adentro, sin que repercutan en el resultado final de todo el conjunto. Las enfermedades, el mal humor, el cansancio y las averías técnicas o mecánicas casi nunca impiden que los músicos lleguen a las fiestas de nuestros pueblos, que actúen durante más tiempo del contratado y que luego recojan sus maletas e instrumentos para ir corriendo a otro lugar con su cargamento de ilusiones y música.

 

sábado, 13 de septiembre de 2025

Adiós a Rick Davies, fundador y alma de Supertramp

Hace un par de días no fue un día normal y cualquiera. Me desperté con la noticia de la muerte de Rick Davies, uno de los fundadores y el alma de Supertramp, uno de mis grupos favoritos y una banda fundamental en la historia de la música de la segunda mitad del siglo XX.

Rick Davies, durante un concierto con Supertramp.
Rick Davies, durante un concierto con Supertramp.

La mayor parte de sus canciones forman parte de la banda sonora de mi vida y si alguna vez me pongo a la tarea de elaborar una lista con los mejores discos de pop-rock de todos los tiempos tengo claro que 'Crisis?, What Crisis?' o 'Crime of the Century' estarán en el podio de los tres primeros, por detrás de 'The Dark Side of de Moon', de Pink Floyd, y de 'I Robot', de Alan Parsons Project. 

Junto a Roger Hodgson lideraron un proyecto que dio a luz canciones irrepetibles y Davies mantuvo viva la llama del grupo tras la marcha de Hodgson en 1983 a causa de sus desavenencias por la incompatibilidad de caracteres de estos dos genios de la música.

Supertramp, en los momentos álgidos de su carrera.
Supertramp, en los momentos álgidos de su carrera, a principios de los ochenta. 

Son tantas las canciones del grupo que permanecen en la memoria musical de varias generaciones, tantos los momentos inolvidables que muchos de nosotros hemos vivido con ellas y que rememoramos cada vez que las escuchamos, que es inevitable sentirnos un poco huérfanos con la muerte de Davies, a quien ya en 2015 le fue diagnosticado un cáncer que provocó la suspensión de una gira del grupo por Europa. 

Desde entonces luchó a brazo partido con esa temible enfermedad, que no hace ascos ni a riquezas materiales ni a genialidades artísticas cuando decide acabar por las malas con la vida de quienes tienen la mala suerte de ser tocados por su malhadada lotería. 

Portada del disco 'Crisis?, What Crisis?'.
Portada del disco 'Crisis?, What Crisis?'.

Davies falleció el pasado día 6, sólo una semana antes del cincuenta aniversario de la publicación del álbum 'Crisis?, What Crisis?', que encumbraría definitivamente a Supertramp.

Cuando llegan estas fatales noticias sólo nos queda el frágil consuelo de creer en la inmortalidad que sus universales creaciones aportarán por los siglos de los siglos a estos ídolos, cuya desaparición física no impedirá que sigamos teniendo ese vínculo fraternal con notas musicales y entonaciones vocales que nos arrullan desde la cuna de nuestra más tierna adolescencia.

Rick Davies, en la última etapa de Supertramp.

Canciones que lo mismo nos revelan los desvaríos y vaivenes a los que nos someten las relaciones amorosas, como 'Anoter Man's Whoman', que exaltan sentimientos supuestamente intrascendentes que surgen en las rutinas de cualquier jornada anodina, como 'Just a Normal Day', con letras y músicas aparentemente sencillas pero que conllevan cargas de gran profundidad, pues nos hacen reflexionar sobre la brevedad de la vida, ajustada al huidizo tiempo, ese tiempo que, como dijo el poeta, es la escuela en la que aprendemos pero también el fuego en el que nos consumimos.

Goodbye, Rick, que tengas una buena acogida y disfrutes de las mejores músicas en el reino de la paz.

sábado, 14 de junio de 2025

Mintiendo sin piedad

Últimamente, parece como si la mentira se extendiera como una epidemia por todos los estratos sociales. No es extraño, pues, que los políticos, especialmente los que tocan poder, mientan día y noche, más allá de lo imaginable, mucho más allá del ridículo y del absurdo. No sale ni una verdad de sus bocas.



Hasta el punto de que quienes tanto nos mienten lo hacen sin ningún pudor, riéndose descaradamente de los ilusos que en algún momento creíamos en sus promesas y juramentos en campañas electorales. Hasta el extremo de que la mentira, antaño considerada como un defecto o vicio tan reprochable que hacía que la palabra de los mentirosos careciese de cualquier valor, condenándolos a una suerte de ostracismo en su círculo más cercano, hoy se ha instalado como cualidad que valoriza a quienes la practican en sus ámbitos de actuación.

En épocas pasadas, se decía que había que tener una buena memoria para no ser pillado con las manos en la masa de la mendacidad. Hoy en día ya no se necesita ninguna precaución. A una gran mayoría de políticos y periodistas, como el valor al soldado, la insinceridad y la doblez se les supone de antemano. Y si en determinado momento alguien les reprocha su carencia de honor y sus falsedades, contestan sin rubor que han cambiado de opinión o que las circunstancias ya no son las mismas que cuando hicieron tal o cual aseveración.

Seguro que todos hemos conocido en nuestros ámbitos familiares o laborales a personas tan patológicamente mentirosas que hasta parecen disfrutar de sus mezquinas invenciones, sin llegar a entender la ironía de Oscar Wilde cuando dijo que quien tiene una imaginación tan pobre que no sabe mentir, tiene que limitarse a decir escuetamente la verdad. Estos psicópatas llegan a creer que sus invenciones y desmentidos son dignos del elogio y la consideración que merecen las fantasías en las que los grandes artistas basan las tramas en las que se desenvuelven los personajes de sus mejores novelas o canciones.

El único consuelo que nos queda a quienes todavía creemos en los méritos de los hombres y mujeres de palabra es el convencimiento de que los mentirosos llevan en su pecado la penitencia. Dudo mucho de que la satisfacción que puedan alcanzar cuando consiguen engañarnos con sus trápalas compense el sentimiento de frustración, fracaso y hundimiento moral que deben de sentir cuando dicen alguna verdad y los tachamos igualmente de embusteros. Aunque posiblemente a ellos les da igual porque también se mienten a sí mismos.

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