Con la entrada del otoño llegan también los primeros membrillos, que colorean de amarillo luminoso los campos y huertas en los que hay membrilleros. Es un fruto de un olor fuerte e inconfundible que debe de someterse a cocción y endulzamiento para que su consumo sea agradable, pues en fresco resulta muy ácido y difícil de digerir por su abundante fibra.
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| Membrillos a la venta en el mercado agroecológico de Zaragoza. Foto del autor. |
Esta semana pasada, durante un paseo por algunos lugares de la zona de La Fueva, en la comarca del Sobrarbe, el paisaje deleitaba a la vista con una sinfonía de colores otoñales en la que destacaban los amarillos membrillos en plena maduración. Son frutos gruesos, redondos o piriformes, con un calibre de unos noventa milímetros de diámetro y recubiertos de una pelusilla algodonosa muy fácil de quitar.
El membrillo, como una gran mayoría de las frutas, ofrece numerosas cualidades nutricionales: hidratos de carbono en forma de sacarosa y fructosa, vitaminas, minerales, pigmentos y fibra vegetal. Está especialmente indicado para aliviar los procesos diarreicos y es mejor consumirlo en forma de dulce o carne de membrillo, o bien cocido o asado con un poco de miel.
Los estudiosos de este frutal afirman que en Babilonia ya se cultivaban membrilleros y que los griegos también los cultivaban en Creta. En Grecia estos frutos estaban consagrados a Afrodita, la diosa del amor, por lo que el membrillo era el atributo del amor y la abundancia. Estaba tan ligado al matrimonio que las leyes atenienses obligaban a los recién casados a consumir un trozo de membrillo antes de la noche de bodas.
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| El membrillo es un fruto que tiene una forma muy particular. Foto del autor. |
Esta fruta destaca por su profundo y fresco aroma, por lo que antiguamente era costumbre poner membrillos en los armarios roperos para evitar los olores a humedad y a cerrado que impregnan la ropa con el paso del tiempo.
Aunque se suele pensar que el dulce y la carne de membrillo son lo mismo, técnicamente se diferencian por su textura y pureza. El dulce de membrillo es un elaborado más fino, ya que para hacerlo la pulpa se tritura por completo y se tamiza para eliminar cualquier rastro de granulosidad leñosa. La carne de membrillo tradicional suele presentar una textura más rústica, compacta y densa, manteniendo pequeñas trazas de la consistencia original de la fruta tras su cocción artesanal.
Esta preparación va muy bien para preparar meriendas, aperitivos y tablas de postres durante todo el año, siendo además un acompañante perfecto para todo tipo de quesos, ya que su dulzura equilibra la potencia salina y grasa de los lácteos. También se puede consumir en elaboraciones más ligeras y untables: cocido a fuego lento con agua, canela y una menor proporción de azúcar, se transforma en compotas o en jaleas.
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| Carne de membrillo. Wikipedia. |
Aquí vamos a reflejar la receta tradicional para elaborar el dulce de membrillo. Para un kilo de membrillos (sin semillas ni piel), necesitaremos un kilo de azúcar, el zumo de medio limón y 250 ml de agua.
Una vez pelados y cortados en trozos pequeños, añadiremos un poco de zumo de limón para evitar su oxidación. A continuación, en una olla introducimos el membrillo y medio kilo de azúcar y el agua, y se deja cocer a fuego suave removiendo con una cuchara de madera.
Cuando se haya reblandecido, se saca del fuego y se tritura con la batidora. Acto seguido volvemos a ponerlo al fuego añadiendo otro medio kilo de azúcar y se deja cocer a fuego lento, removiendo con regularidad para que no se pegue. Cuando adquiera un tono acaramelado y cierta densidad, lo que se consigue con una hora de cocción, más o menos, se retira del fuego y se vierte directamente en los moldes que hayamos elegido para darle forma.












