Ya hemos hablado aquí en alguna ocasión de las propiedades tan atractivas que tiene el tomate, tanto por su color, aroma, textura y sabor como por sus beneficios para la salud de quienes lo consumen. Hoy quiero resaltar que distintos estudios científicos han puesto de manifiesto recientemente que el licopeno, componente fundamental del tomate y clave para la prevención de enfermedades cardiovasculares, es mejor absorbido si se come tomate cocido.
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| Salsa de tomate elaborada a partir de tomates en rama. |
Algo debían intuir nuestros abuelos, que ponían especial empeño en que no faltasen nunca en sus huertos tomates para dar y regalar durante la temporada en que se cría este fruto por estas latitudes, es decir, en los meses de verano. Mi abuelo solía decir que una persona puede subsistir durante mucho tiempo comiendo tan solo tomates y cebollas. Y hacía tal afirmación mientras se regalaba con una ensalada elaborada con ambos productos de la huerta de Barbastro, enriquecida muchas veces con olivas y pimientos, también procedentes de la 'redolada' o comarca somontanesa.
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| Hermoso ejemplar de tomate rosa de Barbastro. Foto del autor. |
Curiosamente, nuestras madres y abuelas aprovechaban esa abundancia de tomates durante la época estival para enfrascarse, nunca mejor dicho, en la elaboración de conserva de tomate crudo triturado y también convertido en sustanciosa salsa de tomate frito para llenar la despensa con numerosos botes de tomate que luego eran disfrutados durante el resto del año.
Así que ahora sabemos que cuando comíamos en nuestra infancia y juventud esas conservas de tomate cocido o frito estábamos aprovechando mejor el licopeno del tomate, pues éste se absorbe con más facilidad si ha sido previamente cocido. Y si lleva aceite de oliva virgen extra, mejor que mejor, pues el licopeno es liposolube, es decir, que se disuelve en la grasa, y qué mejor grasa que la que obtenemos de las aceitunas en forma de aceite.
Además, el licopeno, pigmento carotenoide responsable del color rojo del tomate, es también un potente antioxidante y protege contra el daño celular, reduce la inflamación y ayuda a prevenir el cáncer de próstata.
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| Tomates rosa y cebollas a la venta en la Plaza del Mercado de Barbastro. Foto del autor. |
En la actualidad, en muchos pueblos todavía se practica el embotado del tomate, aprovechando esta sobreproducción de los meses de verano de esta hortaliza que en realidad es una fruta, que se obtiene de la planta homónima, también llamada tomatera.
En épocas remotas, los tomates eran pequeñas bayas amargas que crecían en arbustos en los desiertos de la costa occidental de América del Sur. Pertenecen a las Solanáceas, una gran familia de plantas que incluye algunas de las hortalizas más populares y conocidas en todo el mundo, como la patata, el pimiento o la berenjena.
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| Tomate raf, una variedad con mucho sabor y textura agradable. Foto del autor. |
Se cree que esta planta fue domesticada en México, donde los aztecas bautizaron el fruto como “tomatl”, que viene a significar algo así como “fruto gordo”. Este vocablo fue adoptado por la mayoría de lenguas europeas (‘tomate’ en castellano, alemán, portugués y en francés, y ‘tomato’ en inglés). En Italia prefirieron denominarlo pomodoro (manzana de oro, en alusión al color amarillo de algunas especies), palabra adoptada por otros países, como Rusia, donde lo llaman pomidor, y que alude al color amarillo de los primeros tomates conocidos en la vieja Europa, a donde lo trajeron los conquistadores españoles a comienzos del siglo XVI.



















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