La selección española de fútbol se ha proclamado brillante campeona del mundo tras vencer en la final a un rácano y marrullero combinado argentino, en un partido disputado en Nueva York. Más allá de la gesta deportiva, reconforta comprobar que, al menos en esto, la mayoría de los españoles hemos latido en un único corazón, dejando de lado actitudes cainitas que algunos políticos y gobernantes se empeñan en fomentar.
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| Los futbolistas españoles, tras proclamarse campeones del mundo por segunda vez. |
¡Qué gran mundial, señoras y señores! Hemos disfrutado del mejor espectáculo del mundo a manos (en este caso a pies y piernas) de la Selección Española de Fútbol, que ha conseguido la segunda estrella para su camiseta en un espectacular torneo desarrollado durante las últimas semanas por tierras americanas.
Hemos visto y espero que sigamos disfrutando en el futuro inmediato los resultados de un proyecto muy serio basado en la humildad, el respeto y el espíritu de sacrificio de un plantel de futbolistas dirigidos por un técnico al que se ha rendido el mundo entero: Luis de la Fuente.
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| Escudo de la selección española resaltando su victoria. La leyenda dice: "El esfuerzo fue justamente recompensado con el merecido premio. Gloria a los vencedores". Joaquín Huertas. |
El seleccionador no se ha cansado de resaltar que su combinado es, ante todo, un equipo en el que todos trabajan por el bien del conjunto y por mantener alta la bandera de un país extraordinario, que ha vibrado al unísono con una emoción y una ilusión pocas veces vivida en los últimos años.
Son un ejemplo para los españoles, especialmente para los más jóvenes, porque sus valores trascienden el ámbito meramente deportivo e impregnan las relaciones interpersonales y a todas las capas de la sociedad. El éxito ha llegado como colofón a un proceso basado en el trabajo y en el esfuerzo, dejando de lado artificios y postureos tan de moda hoy en día.
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| Cubarsí, Rodri y Unai Simón, con sus trofeos como mejor jugador joven, mejor jugador y mejor portero del Mundial. |
Además de por sus cualidades deportivas, los futbolistas y equipo técnico de España han destacado por su deportividad y saber estar dentro y fuera de los terrenos de juego, todo lo contrario de algunas selecciones que han competido en el torneo, especialmente la de Argentina, que aglutinó una corriente mundial de desprecio hacia sus artimañas y malas artes para contrarrestar la superioridad del equipo español. La mayoría de sus jugadores, incluido su líder, Lionel Messi, han tenido un comportamiento de lo más deplorable, haciendo uso de una violencia desmedida y de una antideportividad de récord.
Al final, el fútbol como deporte, espectáculo y juego limpio, se ha impuesto a las trampas y a la marrullería. Todo un orgullo ser español en momentos como éstos y también cuando las cosas no vienen tan bien dadas.






















