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jueves, 4 de junio de 2026

Un relato a modo de reclamación: 'Viajes para recordar'

El blog 'Madera de buixo' acoge hoy en su sección 'La cadiera' a una invitada muy especial: mi hija Eva. Con ella nos sentamos a reflexionar sobre un pequeño problema aparentemente sin importancia pero que a la larga produce frustración por lo que supone un desdén por parte de una empresa que presta un servicio público como es el transporte urbano de Zaragoza, Avanza. Menosprecio del que se hacen partícipes también algunos conductores y conductoras de los autobuses urbanos, especialmente de la línea 21, que es la que suele utilizar Eva para desplazarse al centro de la ciudad con mi nieto pequeño, Marcos, protagonista indirecto, también, de esta historia del día a día de una madre que tiene que apechugar con un grave problema de salud de uno de sus hijos.

El carro de bebé de Marcos no pasa por la puerta de algunos autobuses nuevos. Foto del autor del blog.
El carro de bebé de Marcos no pasa por la puerta de algunos autobuses nuevos. Foto del autor.

Pues resulta que el pequeño Marcos, que en agosto cumplirá tres años de edad, se ve obligado a respirar por una cánula desde que tuvieron que hacerle una traqueotomía a vida o muerte en la UCI del Hospital Infantil cuando apenas tenía medio año de vida. Todo empezó con una infección vírica pulmonar que se fue complicando y que requirió de más de dos meses de estancia en la UCI en dos etapas diferentes, estando la mayor parte de este tiempo sedado e intubado. Hubo muchos días extremadamente difíciles en los que la vida de Marcos pendía de un hilo, que no llegó a romperse gracias al excelente trabajo de todo el personal de la UCI pediátrica, con la consiguiente carga emocional, dolor y preocupación para toda la familia, especialmente para los padres de Marcos.

La cuestión es que, desde entonces, Marcos está condenado a respirar por la cánula. Afortunadamente, conforme ha ido creciendo, ha experimentado una notable mejoría gracias a la cual, por ejemplo, no necesita respiración asistida ni apoyo con oxígeno como en otras etapas durante su estancia en el hospital y tras su vuelta a casa. No obstante, mientras persista esta situación, que confiamos pueda solventarse más pronto que tarde, el pequeño tiene que llevar siempre a cuestas un equipo con distintos útiles que serían necesarios en caso de una emergencia respiratoria, los cuales ocupan un considerable espacio, especialmente la botella de oxígeno y el aspirador con el que hay que limpiar regularmente la cánula y el filtro por el que respira Marcos.

Así que el carrito de bebé de Marcos no es un carro cualquiera, pues debe llevar todos esos útiles, que además pesan bastante. El que cumple esta función es el modelo Vista de la marca Uppababy. Es un carro monoplaza que, según la normativa a la que apelan algunos pocos conductores, está obligado a subir al autobús por la puerta delantera. El problema está en que por su anchura, el carro no cabe por dicha puerta en algunos de los autobuses más modernos, en concreto los de la marca Irizar. Tal problema no se da en los autobuses antiguos, los de color rojo, ni en los nuevos de la marca Mercedes.

Pues bien, Eva está cansada de la falta de empatía de algunos y algunas chóferes de los citados autobuses, que repetidamente le ponen problemas, pegas e incluso negativas tajantes para subir por la puerta de salida. Son ya unas cuantas veces en las que ella ha puesto reclamaciones por escrito a Avanza, concretando incluso el número de vehículo, día, hora y parada en que se han producido estas incidencias, y Avanza siempre ha respondido con buenas palabras y promesas de que iban a solucionar el problema. Lo mismo ha ocurrido cuando se ha dirigido personalmente a la oficina que la empresa tiene en la plaza de Aragón. Incluso expusimos la cuestión en las oficinas de atención al ciudadano del Ayuntamiento y nos dijeron que era Avanza la que debía dar solución permitiendo que el carro subiera por la puerta de salida, aunque no fuera una silla de ruedas ni un carro para gemelos.

Uno de los autobuses nuevos de la marca Irizar que no están adecuados para carritos de bebé grandes. Foto del autor del blog.
Uno de los autobuses nuevos de la marca Irizar que no están adecuados para carritos de bebé grandes. Foto del autor.

Así que, cansados de que no se ponga solución a esta situación a pesar de las promesas de la empresa concesionaria del servicio, le propuse a Eva que preparase una protesta pública para a ver si así se acaba con la desconsideración y falta de empatía de algunos conductores. Y, aprovechando que se convocaba estos días pasados el premio de microrrelatos 'Historias de autobús' de Avanza en el marco de la Feria del Libro de Zaragoza, le dije: "Eva, ¿por qué no haces un relato en primera persona contando cómo vives un día cualquiera tu particular historia del autobús? Es posible que cause más efecto que una carta al director de un periódico, por ejemplo, o que una simple queja en las redes sociales".

Y así surgió el relato que viene a continuación, titulado 'Viajes para recordar', que luego hubo que recortar bastante para cumplir con una de las bases del concurso: no superar las 250 palabras. No se hizo con intención de obtener ningún premio, como así ha sido, sino de exponer el desahogo de una madre que bastante tiene con sobrellevar día y noche la preocupación, la angustia y el estrés que causa sacar adelante a un hijo en estas circunstancias. Espero que os guste.

Eva y Marcos, contemplando un cuadro en una exposición de Pako Lominchar. Foto del autor del blog.
Eva y Marcos, contemplando un cuadro en una exposición de Pako Lominchar. Foto del autor.


Viajes para recordar

Acabo de dejar a mi hija Daniela en el colegio. Tiene siete años y hace segundo de Primaria. Como siempre, se despide efusivamente de mí y de su hermano Marcos, que tiene tres años. "Te quiero mucho tato, que te vaya bien en el hospital", le dice tras achucharlo con unos cuantos abrazos y besos. Y hasta que desaparece por la puerta principal, el peque no para de decirle adiós mandándole besos con las palmas de sus manos.

Pero hoy no disponemos de mucho tiempo para despedidas. Tenemos cita a primera hora en el hospital infantil para el cambio de cánula quincenal que hay que hacerle a Marcos desde que le hicieron la traqueostomía en la UCI para salvarle la vida tras varias paradas cardiorrespiratorias. Todo vino a raíz de una infección pulmonar vírica que ha dejado secuelas y el peque está condenado, por el momento, a respirar a través de la tráquea. Como no le pasa aire hacia la boca por la laringe y las cuerdas vocales, tampoco puede hablar. Tal vez por eso, se expresa tan bien con sus ojos y me lanza esas miradas tan llenas de amor cuando me ve ir a toda prisa hasta la parada del autobús urbano. "A ver si tenemos suerte hoy con el conductor", le digo, pues no son pocas las veces que quien lleva el autobús pone mil pegas para abrir la puerta trasera porque el carro de mi pequeño no cabe en algunos autobuses por la puerta delantera. Es un carro grande porque en el portabultos llevamos un aspirador, una botella de oxígeno y otros instrumentos que serían precisos en el caso de una emergencia respiratoria de Marcos. Pero así son las cosas, a veces te encuentras con personas, incluso conductoras que pueden tener hijos, incapaces de ponerse en el lugar de una madre en esta situación.

Pero hoy viene el 21 con un conductor que, en cuanto nos ve, levanta el dedo pulgar sin que haya que decirle nada y abre la puerta trasera para que subamos sin problema. Es más, baja del bus para ayudarme y, una vez arriba, ha sacado un paquete de galletas de las que le gustan a Marcos. "He visto que alguna vez le dabas, me fijé en la marca y compré un paquete para regalárselo cuando subierais a mi bus", comenta con una sonrisa. Y Marcos se la devuelve mientras abre el paquete y después le manda un beso con su mano. Qué buena medicina es la amabilidad, nos ha alegrado el día, éste será un viaje para recordar.

Eva Solanilla Trillo

lunes, 23 de marzo de 2026

Colas de oveja: comer carne sin matar al animal

Con las colas o 'codas' (en fabla aragonesa) de oveja se elabora desde tiempo inmemorial en los valles pirenaicos un plato que lo convierte en único en la cocina: se puede comer carne de un animal sin necesidad de sacrificarlo.

Plato de codas de cordero con su guiso que incluye patatas y arroz. Foto del autor del blog.
Plato de codas de cordero con su guiso que incluye patatas y arroz. Foto del autor.

A las ovejas destinadas para cría en el ganado se les acostumbra a amputar la cola (faena que se denomina 'escodar') para facilitar su cubrimiento por parte del macho o mardano y para evitar que se acumule suciedad y deposiciones que puedan provocar infecciones posteriores. Esta costumbre se sigue practicando en la actualidad, aunque utilizando técnicas que se suponen menos dolorosas que el corte radical con una navaja o cuchillo que se hacía en épocas pasadas.

Como ya hemos apuntado siempre que traemos a colación algún plato tradicional relacionado con las reses de ganado, los recursos económicos en las montañas eran más bien escasos, por lo que había que aprovechar todas las partes de la res, como hemos visto en las recetas de las chiretas, de los chiretones o de las manitas de cerdo.

Rizando el rizo de esta economía de subsistencia, se aprovisionaba incluso la olla con los rabos de las ovejas que se iban a destinar a cría, que eran escodadas en los meses más fríos, para evitar que en la cicatriz que queda al quitarles el rabo hiciesen de las suyas las moscas u otros bichejos indeseables. Para poder cocinarlas, hay que escaldar las codas para quitarles la lana con facilidad, y después se pasan por una llama para socarrar algún pelo que haya podido quedar.

Colas de oveja ya limpias y listas para cocinar. Foto del autor del blog.
Colas de oveja ya limpias y listas para cocinar. Foto del autor.

En algunos pueblos del Sobrarbe era costumbre escodar el día de Viernes Santo y se preparaba el guiso para comerlo el Domingo de Pascua, pasada ya la obligación de abstenerse de comer carne, aunque según leyendas orales transmitidas de generación en generación, quienes llevaban a cabo la práctica de escodar tenían licencia para comer este guiso aunque fuera vigilia.

Otra creencia, sin ningún respaldo científico conocido, que me transmitió Ángel Bielsa, un experimentado pastor de Saravillo, afirmaba que si había una oveja completamente negra (o mora, como se les llamaba antiguamente) no se escodaba porque su rabo constituía un amuleto que protegía a todo el rebaño contra los temidos rayos en las turbulentas tormentas veraniegas en alta montaña.

Las ovejas negras no se escodaban porque así protegían al rebaño contra las tormentas. Freepik.
Las ovejas negras no se escodaban porque así protegían al rebaño contra las tormentas. Freepik.

Para preparar las codas he encontrado distintas recetas, según la costumbre de cada valle pirenaico e incluso de cada pueblo dentro del mismo valle. La forma más sencilla de guisarlas incluye, como ingredientes, unas patatas cortadas a cuadritos, arroz, canela, perejil, ajo y laurel. En una cazuela con agua se cuecen las patatas con sal y con las especias. Aparte, se refríen las colas hasta que estén doradas y después se añaden a la cazuela. Cuando estén casi cocidas, se echa una 'zarpadeta' de arroz por persona.

En otros lugares, los rabos se preparan en un guiso similar al de las patas o manitas de cerdo, tal como explicamos en su momento en el artículo dedicado a este plato

El resultado es una preparación en la que la carne juega un papel poco destacado pues, si desechamos la grasa exterior, apenas se pueden rosigar unas pocas tiras entre los numerosos huesos de los apéndices de la columna vertebral de las ovejas. Además, su consistencia es más bien gelatinosa, una textura que no es del gusto de todos paladares. En realidad, lo que da más juego a este plato es la salsa que acompaña las colas, con la que se puede poner en práctica la consabida expresión de 'chuparse los dedos'.


Teodoro Bardají, trabajando en la cocina.
Teodoro Bardají, trabajando en la cocina.


TEODORO BARDAJÍ ELEVÓ EL PLATO A LAS MESAS DE LA ALTA SOCIEDAD


Los más sibaritas pueden poner en práctica la receta que tipificó en su tiempo el famoso cocinero binefarense Teodoro Bardají Mas (1882-1958) en su obra 'Índice culinario' y no en 'La cocina de ellas', como se difunde erróneamente en las charcas interneteras, en las que se copian unos a otros sin ningún pudor los autoproclamados 'creadores digitales'.  

Bardají recomienda dorar las colas en una olla o en sartén junto a unas cebollas pequeñas. Cuando estén doradas, se espolvorean con harina, se decanta la grasa sobrante y se mojan hasta cubrirlas con caldo o agua, se sazona el guisote con sal y especias y se deja cocer lentamente.

Cuando está casi cocida la carne, se añaden las guarniciones que hayan de ponerse en el guiso, como guisantes, zanahorias, patatas o "también pueden ponerse, y resulta muy agradable, una regular cantidad de castañas tiernas mondadas de las dos pieles".

Añadía el insigne cocinero que en algunos lugares de Aragón y Navarra estimaban la cola de carnero como el bocado más exquisito para formar parte del cocido clásico, ya que produce, a causa de su mucha grasa, un caldo lechoso y espeso.

Además, una vez hecho el caldo, se pueden refreír las colas hasta dorarlas para servirlas como entrante de la comida, acompañadas de una fritada espesa de tomates y pimientos.

Retrato con dedicatoria de María A. Tubau. Foto de Endac.
Retrato con dedicatoria de María A. Tubau. Foto de Endac.

Aseguraba el reputado chef binefarense que la gran artista María A. Tubau tenía una gran preferencia por este plato y que él tenía el honor de servírselo a diario durante toda una temporada que la insigne comedianta se hospedó en el hotel donde a la sazón oficiaba Bardají.

Según el erudito gastrónomo, escritor y editor José María Pisa, esas degustaciones diarias debieron darse seguramente en la gira que la intérprete hizo en 1907, con la que recaló en Zaragoza, cuando Bardají regentaba las cocinas del afamado Hotel Europa de la capital aragonesa, preparando su cocina ante la llegada de la Exposición Hispanofrancesa de 1908. Así lo refleja José María Pisa en su libro 'Alimentos de Aragón, un patrimonio cultural' (1997).

Colas de cordero listas para guisar. Foto de Fernando Biarge.
Colas de cordero listas para guisar. Foto de Fernando Biarge.


Espárragos montañeses

En los últimos tiempos, este plato con colas de oveja se hace muy a menudo con los rabos del cordero y del ternasco y se suele presentar en algunas cartas o menús con el título de 'espárragos montañeses'. En este caso, los apéndices provienen de los tajos bajos de las reses sacrificadas, lo que los diferencia claramente de las colas de las ovejas. 

Según José María Pisa, fue el escritor y periodista Dionisio Pérez, alias 'Post-Thebussem', quien en su 'Guía del buen comer español' (1929) incorporó la noticia de Bardají y también la referencia a María Tubau, apareciendo en esa publicación la primera alusión escrita al guiso como 'espárragos montañeses'.

miércoles, 30 de julio de 2025

El sariñenense Juan Gerona, un ciudadano universal

El eminente jurista y traductor sariñenense Juan Gerona Peña es el protagonista de la biografía que acaba de publicar su paisano Juan Yzuel, quien lleva a cabo en las últimas semanas un intenso programa de presentaciones del libro en distintos lugares la región para dar a conocer esta obra que pretende difundir la talla de este importante aragonés, tan desconocido hasta ahora que ni siquiera figura en la Wikipedia.

Juan Yzuel, durante la presentación del libro en Sesué. Foto del autor del blog.
Juan Yzuel, durante la presentación del libro en Sesué. Foto del autor.

Hace unos días asistí a la presentación del libro, titulado 'Ciudadano del mundo: bigografía de Juan Gerona Peña', que tuvo lugar en Sesué, en el valle de Benasque, en la Ribagorza, comarca en la que no faltan convocatorias culturales durante la época estival.

Juan Gerona nació el 27 de noviembre de 1930 en Sariñena, donde su padre, Juan Gerona Almech, ejercía como notario. Tanto él como su mujer, Concepción Peña, provenían de Zaragoza.

Tras estudiar sus primeras letras en Sariñena, Boltaña y Calatayud, Juan Gerona Peña hizo el bachillerato en Manresa, cuya notaría ocupó su padre al acabar la Guerra Civil. En la enseñanza secundaria destacó por su enorme facilidad para el aprendizaje de los idiomas. Al terminar, estudió en las universidades de Salamanca y de Barcelona, donde se licenció en Derecho.

Después aprobó las oposiciones al Cuerpo Diplomático pero su carrera se vio frustrada porque se había casado con una extranjera, la italiana Isolina Fantini, y por una pequeña experiencia en la oposición antifranquista, concretamente en el Frente de Liberación Popular. Fue arrestado en 1959 y cumplió tres años de prisión.

En 1963 se trasladó a Ginebra, donde ocupó un puesto de traductor temporal, y un año más tarde se incorporó a la Sección de Traducciones al español en la sede de la ONU en Nueva York, pues había aprobado el ingreso en el Cuerpo de Traductores de las Naciones Unidas en 1959, poco antes de su paso por prisión. Con el trascurrir de los años, llegó a ser jefe de la sección de lengua española y su labor en la institución contribuyó significativamente al fortalecimiento del español como lengua de trabajo en el ámbito internacional.

Juan Gerona Peña, con su familia, durante el cumpleaños de uno de sus hijos.
Juan Gerona Peña, con su familia, durante el cumpleaños de uno de sus hijos.

Llegó a dominar hasta diez idiomas y fue un gran viajero (visitó un gran número de países por todos los continentes). Apasionado del conocimiento y de la cultura popular, hizo de su casa en Nueva York un lugar de encuentro y amistad para literatos y exiliados hispanoamericanos, algunos de los cuales, como Julio Cortázar, Juan Gelman, José Ángel Valente, Luis Loayza o Eduardo Mendoza, trabajaron con él como traductores en la ONU.

Tras su jubilación, siguió ligado a la ONU y participó como observador internacional en la supervisión de elecciones en Namibia y algunos países centroamericanos.

Y al final, como remarca Juan Yzuel, "una vida azarosa, con tantas memorias, imágenes, recuerdos, conversaciones y encuentros, poco a poco, se la fue llevando el alzhéimer". Murió el 11 de enero de 2003 en Dallas y sus cenizas fueron inhumadas en el panteón familiar en el cementerio de la localidad madrileña de Barajas. En reconocimiento a su trayectoria, el Rey de España le concedió la Medalla al Mérito Civil en 1991.

Portada del libro.
Portada del libro.

El autor del libro, Juan Yzuel, lo conoció de cerca y cultivó su amistad durante su estancia como religioso escolapio en Nueva York, en los años 80, a donde había sido enviado a fundar una comunidad en Brooklyn. Por eso, ahora publica esta biografía, para "saldar una deuda de gratitud dando a conocer a un hombre que, superando muchas dificultades, abrió su corazón con generosidad al mundo y se convirtió en uno de sus ciudadanos universales".

Actualmente, Juan Yzuel, hermano del recientemente desaparecido José Luis Yzuel, es profesor en el Colegio Cristo Rey de Zaragoza, preside la asociación EsperanzARTE y la plataforma Sijena Sí, además de colaborar estrechamente con varias onegés.

Enseña a escribir un diario personal y es autor de su propia bitácora, alcierzo.com, y de la página web diariopersonal.es. Entre sus numerosas publicaciones y artículos destaca la novela 'Lamberto 1.9.9', publicada, al igual que esta biografía, por la editorial Círculo Rojo.

sábado, 26 de octubre de 2024

Hablando sobre bocados de felicidad en Barbastro

Este jueves acudí a Barbastro, mi ciudad natal, para compartir con muchos amigos y conocidos una charla sobre los tesoros gastronómicos del Somontano, invitado por la sociedad cooperativa Gas Barbastro, dentro de los actos por su 50 aniversario.

Foto con los responsables de Gas Barbastro al término de la charla.
Foto con los responsables de Gas Barbastro al término de la charla.

Fue una tarde noche muy emotiva, de reencuentros con amigos de la juventud y compañeros de estudios en los Escolapios y en el Instituto Hermanos Argensola, así como con colegas periodistas como Macu Hervás, que se ha encargado de escribir el libro '50 años de gas en Barbastro. Diario de un proyecto social de éxito, pionero en Aragón. 1974-2024'.

El acto tuvo lugar en el amplio salón de la entidad, en donde puse de manifiesto que los habitantes de Barbastro y su comarca tienen la suerte de disfrutar de todos los ricos productos que incluí en mi libro 'Tesoros gastronómicos de Aragón' elaborados en la misma zona o en las proximidades, como es el caso del azafrán, que ya se cultiva en Laspuña, en la comarca del Sobrarbe. El resto se producen en sus huertas, campos y montes: trufa negra, tomate rosa, ternasco y otros corderos, ternera, quesos, melocotón, jamón, vino de garnacha, cebollas, borrajas y aceite de oliva.

Un momento de la charla en Barbastro.
Un momento de la charla en Barbastro.

Y a esos hay que añadir otros muchos productos que aportan 'bocados de felicidad' y salud, que era el tema de la disertación. Ahí están otros alimentos como las variadas y saludables verduras de las huertas: las coles, los pimientos, el bróquil y el brócoli, la pella, las acelgas o los espárragos (con los que también se quiere hacer una indicación geográfica protegida, como con el tomate rosa de Barbastro).

Y qué decir de los dulces y postres, como el pastillo de Barbastro (de calabaza o de almendras). Con las almendras, por cierto, otro gran tesoro de esta tierra, se hacen por aquí también dulces que ya han traspasado las fronteras aragonesas, como el pastel Biarritz, de pastelería Albás, donde también hacían unos insuperables tocinillos de cielo.

Productos de la huerta de Barbastro. Foto del autor.
Productos de la huerta de Barbastro. Foto de J. L. S.

No podemos dejar de lado los productos de la matacía, como las tortetas de sangre, la longaniza de Graus y la secallona de Barbastro, en cuya elaboración se utiliza a menudo esa estupenda sal de Naval. Me vienen a la mente otros deliciosos tesoros, como las alcaparras de Ballobar y las múltiples y variadas setas que podemos recoger en las sierras de Naval o en las estribaciones de Guara.

Y para rematar, gracias a la piscifactoría de El Grado, podemos disfrutar de truchas y esturiones de alta calidad. Incluso el famoso caviar lleva ya el marchamo de origen del Somontano, lo mismo que las huevas de trucha, producidos por la empresa Caviar Pirinea.

En fin, que hubo mucha tela que cortar hablando de los deliciosos bocados de felicidad de esta parte de Aragón y disfrutando de la compañía de tanta buena gente.

Guisantes baby salteados en brasa, salsa de mantequilla y yema de huevo ecológico.
Guisantes baby salteados en brasa, salsa de mantequilla, seta lengua de vaca y yema de huevo ecológico, uno de los platos degustados en La Oveja Negra.

Para terminar la jornada, fuimos con varios miembros del consejo rector de la sociedad Gas Barbastro (Andrés Santolaria, Ernesto Sarrablo y Martín Solano -contrastado gastrónomo, quien me presentó al público al comienzo de la charla-), y con Macu Hervás y el gerente de la entidad, Juan Sesé, a cenar al restaurante La Oveja Negra. Fue una grata experiencia gastronómica, en la que pudimos comprobar la buena mano del chef Rafa Bautista y de la sumiller María Vegué en la elaboración de los platos y en la atención en la sala.

Exquisito foie sobre puerros.
Exquisito foie sobre cama de puerros, otro de los pases en La Oveja Negra.

Hacen platos en los que prima la calidad del producto y las ganas de extraerle el máximo partido con combinaciones originales y elaboraciones muy estudiadas que van desde el mínimo tratamiento para que el producto se muestre tal como es hasta sofisticadas cocciones para sorprender a los paladares más exigentes. Maridamos los platos con el excelente y complejo vino blanco Bestué Chardonnay Fermentado en Barrica, de Bodega Otto Bestué. Francamente recomendable este establecimiento barbastrense.


lunes, 9 de septiembre de 2024

El rastro o la hoguera de las vanidades

Es bien cierto lo que dice el estribillo de 'Una, dos y tres', la conocida canción de Patxi Andión: 'Lo que usted no quiera para el rastro es'. 

Cientos de libros se amontonan por todos lados en el rastro de Zaragoza. Foto de J. L. Solanilla.
Cientos de libros se amontonan por todos los lados en el rastro de Zaragoza.

Suelo ir de vez en cuando al rastro que se instala los domingos en la gran explanada del aparcamiento que hay cerca de la Estación Intermodal de Zaragoza. Allí se pueden encontrar utensilios usados a buen precio, antigüedades de más o menos valor y muchos zarrios procedentes de desalojos de casas y pisos que normalmente habrán quedado deshabitados por la muerte o traslado a la residencia de sus ancianos moradores.

Periódicos y juguetes en el rastro.
Periódicos antiguos, libros, vídeos y hasta juguetes eróticos en uno de los puestos del rastro.

El rastro es oportunidad de encontrar algún chollo, de entrenarse en el arte del regateo con el fin de llegar a ese punto intermedio en el que el comprador siente que ha hecho una buena adquisición salvando la dignidad del que vende.

Pero el rastro es también un zoco iluminado por hogueras de vanidades, alimentadas por montañas de libros amontonados aquí y allá, por pilas de álbunes fotográficos en blanco y negro, por marcos con títulos universitarios y distinciones honoríficas, medallas, placas reconociendo méritos y triunfos y trofeos diversos, como los procedentes de victorias deportivas.

Distinciones y reconocimientos abundan en los puestos del rastro.
Distinciones y reconocimientos abundan en los puestos del rastro.

Objetos todos que fueron exhibidos con orgullo en paredes y anaqueles por quienes algún día los recibieron, probablemente en medio de una merecida ovación o en un sentido homenaje.

Y sin llegar a ser tan radical como Ramón J. Sender, quien dejó escrito que la imprenta ha hecho mucho daño a la literatura porque antes de su invención sólo se publicaban obras maestras, es cierto que no está justificado que se publiquen cientos de miles de libros cada año. 

Libros de todos los tipos a 50 céntimos, un auténtico chollo.
Literatura, ensayo, diccionarios, libros de viajes... Todos a 50 céntimos. Un chollo, oiga.

Pero, en fin, das una vuelta por el rastro y sientes pena de ver tantos libros vendidos a precios que harían enrojecer a quienes años atrás los escribieron y publicaron con toda su sapiencia y cariño. La mayoría se pueden comprar a 50 céntimos, cantidad que en muchos casos se podría recuperar a peso en una trapería o establecimiento de recogida de materiales de reciclaje.

Muchas veces compro algunos de esos libros como acción de rescate, para salvarlos de ese fuego de olvido al que han sido arrojados con alevosía en un acto de descuido, traición o deslealtad a tíos, padres o abuelos que se los legaron en la herencia junto a unos ahorros o unas acciones en el banco. 

Una de las ediciones de 'Platero y yo' rescatadas del rastro.
Una de las ediciones de 'Platero y yo' rescatadas del rastro.

El caso es que de mis preferidos ya atesoro una colección de variadas ediciones, con ejemplares comprados a esos precios de saldo. Por ejemplo, de Platero, que aún a pesar de ser tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, se salvaría de ese fuego devorador que nos hace recordar que hasta del más colosal incendio sólo queda un montón de cenizas.

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