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sábado, 1 de noviembre de 2025

'Santa Lucía', de Roque Narvaja, cumple 45 años

Ahora que se cumplen 45 años de la publicación de la canción 'Santa Lucía', que aupó a las listas de éxitos Miguel Ríos, me gustaría reconocer el mérito del autor del tema, el argentino Roque Narvaja, quien también la interpretó, en una versión que a mí me gusta más que la de Ríos

Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.
Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.

"Miguel Ríos tomó esta canción mía, 'Santa Lucía', y la hizo balada y chau. Nos cambió la vida a él y a mí. En 1980 me eligieron el mejor compositor de España y la Sociedad de Autores (SGAE) incluyó 'Santa Lucía' dentro de las mejores 100 canciones de España", rememoraba el compositor argentino años más tarde.

La letra del tema me recuerda una historia que a mí me ocurrió hace ya unos cuantos años, cuando todavía los teléfonos fijos no estaban destinados a desaparecer. Llamó al teléfono de mi casa una señora que se confundió de número y me tomó por otra persona. Intenté sacarla del error pero la mujer, que ya debía ser muy mayor y que me dijo que vivía sola, no se enteraba mucho e insistió en contarme las novedades de su familia, incluido el fallecimiento de un pariente suyo. 

Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.
Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.

El caso es que Irene, así es como se llamaba mi anónima comunicante, siguió llamando algún tiempo, día sí día no, y como llegué a la conclusión de que le faltaba atención y que se sentía escuchada y reconfortada cuando hablaba conmigo, yo terminé por no intentar sacarla de su error y escuchaba todo lo que me decía. 

Así hasta un día que ya no llamó más y supuse que alguien la habría aconsejado que dejase de telefonear a desconocidos. O tal vez algún familiar se había hecho cargo de ella, o quizás había ingresado en una residencia.

Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.
Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.

Esta suplantación de personalidad telefónica no debía de ser tan extraña cuando no existían los móviles y en los teléfonos fijos tampoco era tan fácil saber el número que te estaba llamando, lo que facilitaba también la realización de bromas telefónicas, la mayor parte de las veces graciosas. En este sentido, recuerdo que un amigo de mi adolescencia, allá en Barbastro, que imitaba muy bien las voces de personajes muy conocidos en la ciudad, a veces se divertía llamando a almacenes y tiendas haciendo pedidos en nombre de otras personas, a las que no debía gustarles nada recibir paquetes que ellos no habían solicitado.  

Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.
Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.

Una confusión telefónica da pie a la trama de 'Ciudad de cristal', novela que forma parte de la 'Trilogía de Nueva York' de Paul Auster, obras que lanzaron al estrellato a este escritor estadounidense, que ya nos dejó hace poco más de un año. 

Comienza de esa forma, con una llamada equivocada al domicilio de un escritor, al que confunden con un investigador privado. Y él deja seguir el equívoco y ahí empieza todo. Y lo bueno es que le ocurrió a Auster de verdad y a partir de ahí ideó la novela, que es muy recomendable. ¿Os ha pasado a vosotros algo parecido?

lunes, 4 de agosto de 2025

Ascensión al Turbón, la montaña mágica de Aragón

La de veces que lo había visto al pasar por la carretera de Barbastro a Benasque, o por la del valle del Isábena, o desde distintas atalayas desde Barbastro, mi ciudad natal. Y siempre pensaba en ascender algún día a la cumbre de esa montaña, la más mágica de Aragón: el Turbón.

Héctor, disfrutando de las vistas del Pirineo en la cumbre del Turbón. Foto del autor del blog.
Héctor, disfrutando de las vistas del Pirineo en la cumbre del Turbón. Foto del autor.

Y hace unos días cumplí ese reto en compañía de mi hijo Héctor, un gran amante, al igual que yo, de la belleza y grandiosidad de nuestro inigualable Pirineo.

Ascendimos desde la aldea de La Muria, por uno de los tres itinerarios por los que se puede afrontar este tótem pirenaico, no sin cierta prevención pues cuando comienzas a subir por senderos más o menos escarpados debes poner máximo cuidado, sobre todo si ya eres todo un sexagenario e innumerables canas asoman por debajo de la gorra que te cubre de los rayos solares.

Vista desde la collada por la que llegamos al canal de San Adrián. Al fondo a la derecha, la cresta a la que debíamos llegar para hacer cumbre. Foto del autor del blog.
Vista desde la collada por la que llegamos al canal de San Adrián. Al fondo a la derecha, la cresta a la que debíamos llegar para hacer cumbre. Foto del autor.

Y tras llegar al final de la pista que empieza en el merendero de La Muria y trepar por las primeras pendientes en medio de frondosos pinares y hayedos, coronamos una collada desde la que ya se vislumbra la majestuosidad del canal de San Adrián, que hubo que cruzar de un extremo a otro disfrutando de la compañía de algunas vacas y terneros, alternando amplios espacios de verdes pastos y variada flora con centenares de metros sin otra presencia que grandes pedruscos y cascajares que hacen del entorno por el que caminas una especie de territorio lunar o marciano. 

Restos de la ermita de San Adrián. Foto del autor del blog.
Restos de la ermita de San Adrián. Foto del autor.

Incluso pasamos por las ruinas de una ermita románica que data del siglo XII y que a juzgar por lo poco que queda en pie debió ser un templo pequeño pero hermoso, sin duda construido con fe y convicción por un ermitaño llamado Pedro, que algo mágico y sobrenatural debió barruntar para elegir ese paraje desde el que dedicar el resto de su vida a la mera contemplación del universo infinito, tan inacabable como la modesta fuente que mana del suelo a sólo un par de metros de la ermita

Y sin duda que esa vida sería extremadamente difícil en los meses invernales, en los que la nieve y el frío deben hacer prácticamente inhabitable ese espacio, a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar, lo que convierte a la ermita de San Adrián en el vestigio románico a mayor altitud de Aragón.

El Turbón, visto desde el valle de Benasque al atardecer, después de cumplir nuestro reto. Foto del autor del blog.
El Turbón, visto desde el valle de Benasque al atardecer, después de cumplir nuestro reto. Foto del autor.

Este presbítero debió intuir tal vez que la religiosidad del espacio tendría que ver con el hecho de que allí encalló supuestamente el Arca de Noé cuando descendieron las aguas del diluvio universal. Nada que ver, sin embargo, con otro de los mitos que afirma que en esta montaña mágica hacían sus aquelarres las brujas del Alto Aragón. De todas estas leyendas que se atribuyen a esta montaña se da cuenta en la página de Huesca la Magia.

Bien cierto es que atravesando estos parajes sentí un pálpito especial, como si estuviese hondamente unido a la madre Tierra a pesar de estar ascendiendo a una cumbre situada a 2.492 metros de altitud, desde la que disfrutamos de unas vistas maravillosas y únicas de todo el macizo pirenaico y de otras zonas como La Fueva, de donde procede mi familia materna.

Padre e hijo, satisfechos tras hacer cumbre en el Turbón. Foto de Héctor.
Padre e hijo, satisfechos tras hacer cumbre en el Turbón. Al fondo, el macizo del Aneto. Foto de Héctor.

Todo un reto cumplido tras más de siete horas de marcha y más de 17 kilómetros recorridos que me espolea para intentar otras ascensiones que tenemos en mente con Héctor para próximas semanas. Una experiencia inolvidable, otra incursión que incluir en los pasajes del tiempo, como me sugiere esta canción de Al Stewart.

domingo, 20 de julio de 2025

Un gazpacho bien especiado

Hablábamos en la última entrada del blog de lo ricos y nutritivos que son los tomates de temporada que podemos disfrutar en estos meses de verano. Estos frutos son el ingrediente fundamental del gazpacho, una especie de sopa fría o cóctel de hortalizas muy apropiado para los días de calor.

Un vaso de gazpacho, bien surtido de especias como pimienta negra, nuez moscada y cominos. Foto del autor del blog.
Un vaso de gazpacho, bien surtido de especias como pimienta negra, nuez moscada y cominos. Foto del autor.

El gazpacho es una preparación tradicional de la cocina española muy ligada, en sus principios, a las cocinas del sur de la Península Ibérica, aunque habrá que convenir que en la actualidad forma parte ya de los recetarios de prácticamente todas las regiones españolas, incluida la aragonesa. 

Yo lo descubrí hace ya medio siglo, en mi primer paso como pinche de cocina en los meses vacacionales. Fue en los fogones del Hotel Benasque, en donde recalé con apenas 14 años para iniciarme en el arte culinario (comenzando desde abajo, claro está, fregando grandes cacerolas, pelando patatas y cebollas o batiendo cientos de huevos en enormes recipientes para preparar las tortillas de la cena del menú) y procurarme de paso unas ganancias para costearme algunos caprichos el resto del año, aliviando así la economía familiar.

Y allí, a las órdenes de los Valero Llanas (padre e hijo), fui soltándome en la preparación de diferentes platos, siendo el gazpacho uno de los más sencillos y, no por eso, menos suculentos, que primero aprendí.

Un gazpacho bien refrescante para el verano. Foto del autor e blog.
Un gazpacho bien refrescante para el verano. Foto del autor.

Hoy quiero compartir con vosotros aquella receta, que he practicado asiduamente el resto de veranos de mi vida desde entonces. Se trata de un gazpacho que tiene una característica muy peculiar: es una cóctel de vegetales muy especiado, que le da un toque más refrescante y que realza los sabores de los ingredientes. Estos son: tomates, pepinos, pimientos verde y rojo, cebolla, ajo, vinagre, aceite de oliva virgen extra y sal.

Y en cuanto a especias, estas serían las básicas: pimienta negra, nuez moscada y comino. Sin embargo, a mí me gusta añadir algo de jengibre en polvo y, algunas veces, un toque especial con pimientas verde, rosa y blanca.

A mí me encanta el sabor que aportan los cominos al gazpacho. Foto del autor del blog.
A mí me encanta el sabor que aportan los cominos al gazpacho. Foto del autor.

Partiendo de la base de que lo que tiene que predominar es el sabor y el color del tomate, el resto de componentes puede variar en función de los gustos de cada cual. En mi caso, mi predilección por todos los vegetales que lo componen es tal que prácticamente igualo las cantidades de pimientos verdes y pepinos con los tomates. También soy generoso en la presencia de ajo y algo menos en la de la cebolla. 

Pero bueno, como ha quedado dicho, se puede adaptar a diferentes gustos, así que si no sois muy entusiastas del pepino, por ejemplo, se puede reducir esta hortaliza a una presencia testimonial. Lo mismo cabe decir del resto de ingredientes o aliños.

Algunos cocineros son partidarios de agregar a la mezcla unos trozos de miga de pan, que al triturar todo el conjunto hace que la textura sea menos acuosa. Yo evito este ingrediente porque me gusta tomar el gazpacho más como bebida que como salsa que debe tomarse con cuchara.

El tomate rosa es muy apropiado para hacer gazpacho. Foto del autor del blog.
El tomate rosa es muy apropiado para hacer gazpacho. Foto del autor.

Así pues, la elaboración es bien sencilla: se ponen todos los ingredientes en un recipiente y se trituran con la batidora. Se rectifica de sal y de especias y se guarda en la nevera para tomarlo bien frío. Si hemos tenido que prepararlo con premura y no nos da tiempo de enfriarlo convenientemente en el frigorífico, no hay problema en servirlo en vaso o en plato con uno o dos cubitos de hielo.

Se puede comer tal cual o darle un juego de texturas añadiendo en el plato unos trocitos de las verduras empleadas y tostones de pan.

El plato de gazpacho se puede enriquecer con tostones de pan y trocitos de las hortalizas. Foto del autor del blog.
El plato de gazpacho se puede enriquecer con tostones de pan y trocitos de las hortalizas. Foto del autor.

Y para acompañarlo, nada mejor que un buen vino rosado de los muchos que se elaboran en las distintas zonas de Aragón. Una buena elección sería el de Bodega Enate, que hacen con uvas de cabernet sauvignon, cuyo precio en la web de la bodega es de 8,95 euros.

viernes, 23 de mayo de 2025

Lugares

Conozco lugares en los que no existe miedo alguno,

donde las canciones no se acaban nunca,

donde los instantes fugaces se hacen eternos,

donde las derrotas ya no importan

y se derriten las nieves que cubren el corazón.

Fotografía tomada desde las praderas de Resuali, en lo alto de la Sierra de Chía, en el valle de Benasque, balcón con increíbles vistas del macizo de Cotiella. Foto del autor del blog.
Fotografía tomada desde las praderas de Resuali, en lo alto de la Sierra de Chía, en el valle de Benasque, balcón con increíbles vistas del macizo de Cotiella. Foto del autor.

Sitios en donde el aire nunca es amargo 

aunque venga disfrazado con el frío invernal,

donde los pájaros borran con su vuelo

los recuerdos dolorosos

y donde la lluvia repara las heridas del alma.


Esos lugares que ahora son mi recreo y que algún día serán cuna de mi sueño eterno.

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