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lunes, 2 de marzo de 2026

Intriga y tensión en 'El grito de la hormiga', una novela de Pako Lominchar

'El grito de la hormiga' se titula la novela que acaba de publicar el amigo Pako Lominchar, que fue presentada en la sala de la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón. Se trata de una trama de espías y de acción que te atrapa desde las primeras páginas y que forma parte de una trilogía que se materializará en el futuro.

Paco López y Pako Lominchar, en la presentación de la novela. Foto de Francisco Javier López París.
Paco López y Pako Lominchar, en la presentación de la novela. Foto de Francisco Javier López París.

Pako Lominchar es un artista multidisciplinar que ha dedicado más de cuarenta años a desarrollar sus dotes artísticas en el campo de la pintura, con una sólida trayectoria basada en numerosas exposiciones, como la que celebró el año pasado en Zaragoza, de la que dábamos cuenta en esta entrada del blog. Era una muestra con sus últimas pinturas en blanco y negro, especialidad en la que es un auténtico maestro.

Su incursión en la narrativa es una necesidad de explorar la condición humana, pasando de lienzo a la palabra. Aunque esta obra es su primera experiencia en el ámbito editorial, lleva muchos años cultivando el relato corto y la poesía, géneros con los que ha participado en diversos certámenes literarios.

Un aspecto de la sala donde tuvo lugar la presentación. Foto del autor del blog.
Un aspecto de la sala donde tuvo lugar la presentación. Foto del autor.

'El grito de la hormiga' está protagonizado por una joven becaria de periodismo, que se convierte en testigo accidental de una redada policial en un cibercafé madrileño, incidente a partir del cual se verá inmersa en una trepidante aventura en la que se las tiene que ver con los líderes de una organización criminal con numerosos tentáculos en las altas esferas del poder de España y Colombia.

Para hacer frente a todos los retos que se le presentan, cuenta con la inestimable ayuda de un viejo zorro del periodismo de investigación, Javier Mendieta, y de otras personas de su ámbito más cercano, y será incluso fichada por el Centro Nacional de Inteligencia para llevar a término una importante misión.

Pako Lominchar, firmando ejemplares al término del acto. Foto del autor del blog.
Pako Lominchar, firmando ejemplares al término del acto. Foto del autor.

Como puso de manifiesto Pako durante la presentación, los capítulos en los que se estructura el libro, publicado en Editorial Diversidad Literaria, son de fácil lectura y comprensión, con un tipo de letra más grande del habitual en este tipo de obras para facilitar aún más el acceso a la trama de los lectores con deficiencias visuales. La presentación fue introducida por Paco López, presidente de la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón.

A mí me ha parecido una novela de acción en la que se suceden las situaciones y escenas trepidantes que la hacen candidata a ser adaptada a un guión cinematográfico para llevarla a la gran pantalla o como idea base para una serie de varios capítulos e incluso con varias temporadas, ya que éste es el primer libro de una trilogía, en la que ya trabaja Lominchar.

La filóloga ucraniana , durante la presentación de la novela. Foto del autor del blog.
La filóloga ucraniana Lilian Fomina, durante la presentación de la novela. Foto del autor.

Al acto asistieron numerosos amigos de Pako, compañeros en las artes plásticas y alumnos de los cursos de pintura que imparte en Zaragoza. Entre ellos, una filóloga ucraniana, Lilian Fomina, quien ensalzó el estilo y la riqueza del lenguaje del autor.

martes, 30 de diciembre de 2025

Geografías sentimentales

Casi sin darme cuenta, he ido haciendo una geografía sentimental de las ciudades en las que he vivido y a las que vuelvo de vez en cuando. La rutina del día a día en la urbe en la que habitas en el presente puede resultar, a veces, un impedimento para el disfrute de esos espacios más queridos. 

Mural pintado por el artista barbastrense Amado Berdejo, en el que refleja algunos de los elementos arquitectónicos más característicos de Barbastro.
Mural pintado por el artista barbastrense Amado Berdejo, en el que refleja algunos de los elementos arquitectónicos más característicos de Barbastro.

Como acostumbro a dar largos paseos diarios para hacer ejercicio, he llegado a configurar una auténtica ruta de la felicidad, recorriendo lugares en los que alguna vez vislumbré la luz infinita de las estrellas

El puente donde tuvo lugar un primer beso, la esquina batida por el viento tan propicia para los abrazos, la terraza de un bar en la que paso largas veladas de conversación con amigos o de observación de la fauna urbana, la puerta ajada de aquella vieja taberna en la que disfrutaba de los mejores vermús y que ya desapareció, la parada de bus que cobijó una despedida que, a la postre, sería definitiva... 

Retrato que me hizo Eduardo Bueso en el Paseo de la Independencia, con el edificio del Heraldo de Aragón al fondo.
Retrato que me hizo Eduardo Bueso en el Paseo de la Independencia, con el edificio del Heraldo de Aragón al fondo.

Me pasa también en mi ciudad natal, donde muchas de esas postales urbanas tan entrañables están resguardadas por el inmortal satén de la infancia o de la adolescencia, de forma que allí los recuerdos felices me asaltan por todas partes, sin necesidad de planificar un recorrido determinado. 

Con frecuencia ejercito mi memoria recorriendo una calle o una avenida y rememorando los comercios, bares, talleres u oficinas que había aquí o allá y que han sido sustituidos por otros negocios más actuales. Los recuerdos de mis años más jóvenes corren por esas calles y se abrigan bajo los porches y soportales. Allí están, resistiendo el paso del tiempo, aunque sean invisibles a otros ojos que no sean los míos.

El paseo del Coso, en Barbastro, en donde nací y viví mi infancia y adolescencia.
El paseo del Coso, en Barbastro, en donde nací y viví mi infancia y adolescencia.

Las nuevas generaciones tendrán nuevos recuerdos de cómo son esos rincones y esas calles porque nada volverá a ser como era en el pasado. Lo mismo ocurre con el paisaje humano, ya que el paso de los años ha ido discurriendo de forma paralela al implacable relevo generacional.

Las calles y plazas del centro de Zaragoza, mil veces recorridas cuando paseaba al recordado Dalí. Foto del autor del blog.
Las calles y plazas del centro de Zaragoza, mil veces recorridas cuando paseaba al recordado Dalí. Foto del autor.

Pero los que yo viví son lugares que recordaré toda mi vida, como dice esta inmortal canción de Beatles.

sábado, 1 de noviembre de 2025

'Santa Lucía', de Roque Narvaja, cumple 45 años

Ahora que se cumplen 45 años de la publicación de la canción 'Santa Lucía', que aupó a las listas de éxitos Miguel Ríos, me gustaría reconocer el mérito del autor del tema, el argentino Roque Narvaja, quien también la interpretó, en una versión que a mí me gusta más que la de Ríos

Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.
Portada de un disco de éxitos de Roque Narvaja que incluye el tema 'Santa Lucía'.

"Miguel Ríos tomó esta canción mía, 'Santa Lucía', y la hizo balada y chau. Nos cambió la vida a él y a mí. En 1980 me eligieron el mejor compositor de España y la Sociedad de Autores (SGAE) incluyó 'Santa Lucía' dentro de las mejores 100 canciones de España", rememoraba el compositor argentino años más tarde.

La letra del tema me recuerda una historia que a mí me ocurrió hace ya unos cuantos años, cuando todavía los teléfonos fijos no estaban destinados a desaparecer. Llamó al teléfono de mi casa una señora que se confundió de número y me tomó por otra persona. Intenté sacarla del error pero la mujer, que ya debía ser muy mayor y que me dijo que vivía sola, no se enteraba mucho e insistió en contarme las novedades de su familia, incluido el fallecimiento de un pariente suyo. 

Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.
Mujer de edad avanzada hablando por teléfono. Foto de Pixabay.

El caso es que Irene, así es como se llamaba mi anónima comunicante, siguió llamando algún tiempo, día sí día no, y como llegué a la conclusión de que le faltaba atención y que se sentía escuchada y reconfortada cuando hablaba conmigo, yo terminé por no intentar sacarla de su error y escuchaba todo lo que me decía. 

Así hasta un día que ya no llamó más y supuse que alguien la habría aconsejado que dejase de telefonear a desconocidos. O tal vez algún familiar se había hecho cargo de ella, o quizás había ingresado en una residencia.

Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.
Ermita de Santa Lucía en la localidad de Sos, en el valle de Benasque, en el que hay mucha devoción a esta santa. Foto del autor.

Esta suplantación de personalidad telefónica no debía de ser tan extraña cuando no existían los móviles y en los teléfonos fijos tampoco era tan fácil saber el número que te estaba llamando, lo que facilitaba también la realización de bromas telefónicas, la mayor parte de las veces graciosas. En este sentido, recuerdo que un amigo de mi adolescencia, allá en Barbastro, que imitaba muy bien las voces de personajes muy conocidos en la ciudad, a veces se divertía llamando a almacenes y tiendas haciendo pedidos en nombre de otras personas, a las que no debía gustarles nada recibir paquetes que ellos no habían solicitado.  

Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.
Portada de la novela 'Ciudad de cristal', de Paul Auster.

Una confusión telefónica da pie a la trama de 'Ciudad de cristal', novela que forma parte de la 'Trilogía de Nueva York' de Paul Auster, obras que lanzaron al estrellato a este escritor estadounidense, que ya nos dejó hace poco más de un año. 

Comienza de esa forma, con una llamada equivocada al domicilio de un escritor, al que confunden con un investigador privado. Y él deja seguir el equívoco y ahí empieza todo. Y lo bueno es que le ocurrió a Auster de verdad y a partir de ahí ideó la novela, que es muy recomendable. ¿Os ha pasado a vosotros algo parecido?

sábado, 20 de septiembre de 2025

Fotos para recordar las vacaciones

Otro verano se nos va (como cantan los Green Day, ya está terminando septiembre) y con él las semanas de vacaciones que llenan la ciudad de turistas. Aprovecho esta circunstancia para recuperar un artículo que publiqué hace unos años en las páginas de verano de Heraldo porque refleja estos momentos de mudanza estacional en el centro de Zaragoza y por el protagonismo que tenía en él mi inolvidable Dalí, el golden retriever que me acompañó más de doce años y que ya nos dejó hace más de un lustro.

Dalí, ante la Basílica del Pilar, durante un paseo por el centro de la ciudad. Foto de Héctor Solanilla.
Dalí, ante la Basílica del Pilar, durante un paseo por el centro de la ciudad. Foto de Héctor Solanilla.

Parece que el verano ya languidece y que las noches se hacen más frescas conforme se acortan las horas de sol. Mi perro lo agradece porque no puede desprenderse de su perenne manto blanco y dorado, que le obliga a jadear día y noche en la época estival para poder expulsar el calor de su cuerpo. Creo que lo que no le gusta del fresco es que cada vez hay menos turistas por la plaza del Pilar y alrededores, algunos de los cuales se empeñan en regalarle caricias e incluso en hacerse fotos con él. 

Dalí, refrescándose en la fuente de la plaza de La Seo. Foto de Guillermo Mestre.
Dalí, refrescándose en la fuente de la plaza de La Seo. Foto de Guillermo Mestre.

Puede ser una foto original y diferente a la que se hacen la mayoría de quienes visitan la zona más turística de la capital. Se les ve en fila, esperando a inmortalizar su paso por Zaragoza con la cascada de la gran fuente de la plaza a sus espaldas, o sosteniendo la cercana bola del mundo como si fueran el titán Atlas. Algún adolescente es capaz de trepar por los relieves que forman los continentes hasta bien arriba del globo terráqueo conformando una imagen que podría ilustrar el conocido aforismo libertario: "Que paren el mundo, que me apeo".

Turistas fotografiándose ante la fuente de la Hispanidad. Foto del autor.
Turistas fotografiándose ante la fuente de la Hispanidad. Foto del autor.

Antes o después, muchos pasan también a fotografiarse por las murallas romanas y a los pies de la efigie de César Augusto, junto a la parada del tranvía cuyo nombre despista a los turistas menos avezados, que esperan encontrarse en la misma basílica al apearse y preguntan: "¿Esto es la plaza del Pilar?".

Y algunos penetran incluso por la inmediata puerta del Mercado Central atraídos por el bullicio de compradores y vendedores, y por los seductores aromas a especias, frutas y verduras que emanan del bazar zaragozano. Allí también les hacen fotos a los ejemplares que vende el pescatero José Luis en su surtido mostrador. Hermosos atunes, descomunales lenguados y bellas merluzas gallegas a precios increíbles: 5,99 euros el kilo, mil pesetas, lo mismo que costaban hace 20 años. Una imagen para recordar.

El pescatero del Mercado Central José Luis López, con un ejemplar de esturión. Foto del autor del blog.
El pescatero del Mercado Central José Luis López, con un ejemplar de esturión. Foto del autor.


viernes, 23 de mayo de 2025

Lugares

Conozco lugares en los que no existe miedo alguno,

donde las canciones no se acaban nunca,

donde los instantes fugaces se hacen eternos,

donde las derrotas ya no importan

y se derriten las nieves que cubren el corazón.

Fotografía tomada desde las praderas de Resuali, en lo alto de la Sierra de Chía, en el valle de Benasque, balcón con increíbles vistas del macizo de Cotiella. Foto del autor del blog.
Fotografía tomada desde las praderas de Resuali, en lo alto de la Sierra de Chía, en el valle de Benasque, balcón con increíbles vistas del macizo de Cotiella. Foto del autor.

Sitios en donde el aire nunca es amargo 

aunque venga disfrazado con el frío invernal,

donde los pájaros borran con su vuelo

los recuerdos dolorosos

y donde la lluvia repara las heridas del alma.


Esos lugares que ahora son mi recreo y que algún día serán cuna de mi sueño eterno.

lunes, 7 de abril de 2025

El adiós a la juventud

Ya lo dijo Rubén Darío en un poema bien conocido: "Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver". Y por muy pesimista que puedan parecernos estos inmortales versos, el autor los sustenta, al menos, en el vitalismo de haber sacado el jugo a esta etapa de nuestra existencia. Porque hay quienes adoptan una posición más derrotista y enarbolan la convicción de que, en realidad, la juventud es una entelequia, una ilusión pasajera, un visto y no visto, algo inexistente, en suma.

Con varios amigos de COU, en la tuna del instituto.
Con varios amigos, en la tuna cuando cursábamos COU en el Instituto de Bachillerato de Barbastro. Yo  estoy a la izquierda de la foto. A mi lado, Jesús Nasarre, Javier Subías, Antonio Solano y Javier Santiago.

Claro que en esto, como todo en la vida, no se puede generalizar, y cada cual tendrá su propia opinión en función de su propia experiencia. Qué amargos recuerdos guardarán, por ejemplo, quienes derrocharon inútilmente un tiempo más o menos prolongado de su prometedora juventud sufriendo las penalidades de una guerra, cuyas consecuencias harán que la infancia o la adolescencia resulten igualmente penosas para los niños que pasan por un conflicto armado, que es, seguramente, el peor mal para cualquier país o comunidad.

En condiciones normales, en una época de progreso como la vivida por la generación 'boomer', en la que me incluyo, la juventud ha podido asomarse a la vida enfrentándose al mundo con la convicción de que había muchas cosas que hacer y muchos e importantes retos que afrontar.

Incluso se corría el riesgo de que nuestros predecesores no llegaran a entregarnos el testigo por el ímpetu con el que arribábamos a recoger el relevo en esa carrera al esprint que es la vida.

Pues así es amigos, la vida pasa muy deprisa. Podemos ser conscientes de ello día a día, mes a mes, año a año, o podemos despertarnos un día percatándonos, al mirar al espejo, de "ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida", como lo describe perfectamente Marguerite Duras en su novela 'El amante'.

En la redacción de Heraldo de Aragón, a finales de los ochenta.
Recién incorporado a la redacción de 'Heraldo de Aragón' de Zaragoza, a finales de los años ochenta.

Con el declive de la juventud se van evaporando esos alicientes inherentes a esa etapa de cuarto creciente de nuestras vidas. Las risas y el espíritu festivo que embriagan nuestro corazón acaban por dejar paso a la añoranza y a la resignación que conlleva el cumplimiento de los sucesivos aniversarios de nuestro nacimiento. Una melancolía definida muy bien por Celtas Cortos en su canción 'La senda del tiempo'.

Por mucho que nos resistamos, nos va invadiendo la inapelable convicción de que entramos en los últimos capítulos de nuestra biografía. Y la consiguiente frustración que nos produce no participar ya del empuje y vitalidad que exhiben los jóvenes de las nuevas generaciones sólo se atenúa con la esperanza de que sean capaces de salir adelante en un mundo tan cambiante y hostil como el actual, en el que armas y bagajes como el honor, la ética o el amor propio están siendo laminados y barridos por las élites que mandan en todos los niveles gubernamentales en los últimos tiempos.

Como dijo Rubén Darío:

"Juventud, divino tesoro,

¡te fuiste para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro

y a veces lloro sin querer".

miércoles, 1 de enero de 2025

Como la vida misma

Se nos ha escapado 2024 como una estrella fugaz y nos hemos plantado, casi sin darnos cuenta, ante otro taco de calendario, buen momento para hacer algún balance que otro y de plantearnos una lista de proyectos y buenas intenciones para los próximos 365 días. 

Francesca y Robert en una escena de 'Los puentes de Madison'.

Iba a hacerlo y he caído en la cuenta de que en este recién nacido 2025 se cumple el 30 aniversario de 'Los puentes de Madison', una película que fue acogida con cierta frialdad por los entendidos de cine en el año de su estreno, como lo prueba el hecho de que no recibió ningún premio, sólo una nominación al Óscar para Meryl Streep como mejor actriz, y otras dos nominaciones a los Globos de Oro. 

Sin embargo, se ha convertido en una cinta imprescindible para los amantes del género, de esas que gusta ver de cuando en cuando y dejar correr otra vez la lágrima con un magistral relato en imágenes, palabras y música que, en el fondo, es una historia real como la vida misma. Porque, a ver, ¿quién no ha vivido una situación similar a la de Robert y Francesca, quién no ha tenido que seguir alguna vez solo su camino porque otra persona no se atrevió a abrir la puerta a una nueva vida? 

A mí, para bien o para mal, y aunque pueda estar marcada por la evidente carga de melancolía que lleva consigo aumentar los dígitos que marcan tu edad, esta historia me puede servir como encabezamiento ante el nuevo año. Melancolía, nostalgia y cierta desesperación, quizás porque ya nos vamos haciendo mayores para seguir aspirando a protagonizar estos cuentos de hadas.

Como colofón a esta perorata y como siempre se impone brindar por las venturas y por la prosperidad ante el año recién nacido, no puedo por menos que hacer mío un poema de William B. Yeats mientras escancio un poco de vino del Somontano en mi copa:

El vino entra en la boca
y el amor entra en los ojos.

Esto es todo lo que en verdad conocemos
antes de envejecer y morir.

Así, llevo el vaso a mi boca,
y miro tu retrato, y suspiro.

jueves, 31 de octubre de 2024

Reflexiones mortuorias

Llega el Día de Difuntos, Todos los Santos, momento de recordar a los seres queridos que se fueron y de constatar que la inmortalidad no es más que un estúpido invento de los vivos, como solía decir el viejo Bukowski. Fue él quien escribió también algo que tengo apuntado en un cuaderno de notas que releo a menudo: "Todos vamos a morir, todos nosotros. ¡Menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada".

Así es amigos, la vida se nos va en tonterías, divagando sobre asuntos que ya son pasado o preocupándonos por un futuro que sólo está en nuestra mente. Hace unos años publiqué en Heraldo un artículo relacionado con este tabú que es para nuestra especie el tránsito al otro barrio. Se titulaba 'Muerte (plagios)' y llevaba su correspondiente ilustración de mi buen amigo Alberto Calvo, el padre del gran Supermaño. Aquí os lo pongo para reflexionar en esta fecha en la que, ante todo, hay que disfrutar del puente festivo. ¡Salud para todos!

Dibujo de Alberto Calvo para el artículo titulado 'Muerte'.
Dibujo de Alberto Calvo para el artículo en cuestión.

MUERTE

Entonces me miró y yo la miré a ella. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos.

-Llegué y vi: la vida es una estación. Inútil deshacer las maletas- dijo Marina.

-Veo que no es usted de aquí: no sabe lo que nuestros crepúsculos son capaces de hacer. ¿Quiere que se lo cuente?- masculló a modo de bienvenida Samuel, el enterrador, con aire distraído.

Continuamos mirándonos un tanto sorprendidos.

"¿Existe una vida antes de la muerte?", había escrito alguien con tiza sobre un muro. Era una frase muy apropiada para el patio interior de la morgue.

La muerte, el más horrendo de los males, no nos pertenece en nada, pues cuando vivimos no ha venido y cuando viene, ya no vivimos.

-Una de las funciones más nobles de la razón es saber cuándo ha llegado el momento de abandonar el mundo-, sentenció Marco, que permanecía sentado desde hacía rato manoseando una baraja de naipes.

-Lorenzo no era como tú ni como yo, él era una buena persona- me espetó Marina en lo que consideré un reproche en toda regla.

Mientras decía esto, dirigió su mirada hacia la sala donde estaba el cadáver.

En ese momento, me vino al pensamiento una frase de Georges Bataille: "Sólo cuando está abocado a un destino trágico, un hombre llega a escoger lo imposible. Lo elige dentro de un desorden inevitable, y lo quiera o no, en algún sentido su elección es ciega".

También la soledad tiene sus necios, y la mayoría de las veces se delatan por su intento de pasar por mártires.

La memoria y la muerte se responden. Tendría que vivir el resto de mis días con esa pesada carga de culpa.

"El recuerdo es el único paraíso del que no pueden expulsarnos", recordé haber leído en alguna ocasión. A veces puede ser cierto. Pero más a menudo es un infierno al que se nos condena sin culpa.

-La memoria del pasado es todo el futuro que nos queda- me dijo ella a modo de consuelo, como si hubiese estado leyendo mis pensamientos.

Me levanté y cogí mi mochila. "El viaje y la espera son mi destino", murmuré como única despedida.

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