Los huesos de santo son un postre de mazapán, de color blanco y forma alargada y cilíndrica, rellenos de dulce de yema que remedan a las tibias o canillas. Su venta y consumo se concentra durante las fechas próximas al Día de Todos los Santos, siendo un producto típico de estos días junto con los buñuelos y los panellets.
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| Huesos de santo de la pastelería Fantoba, de Zaragoza. Foto del autor. |
Su forma los asocia claramente con la festividad en la que los católicos recuerdan especialmente a sus seres queridos fallecidos visitando los cementerios. Son pequeños bocados de forma cilíndrica, con unos 2,5 centímetros de diámetro y 5 centímetros de longitud.
Se elaboran enrollando una fina capa de mazapán sobre un relleno cuya composición puede ser diversa, siendo el dulce de yema de huevo su ingrediente característico. También se suele añadir moca, mantequilla batida azucarada, mazapán de chocolate, nata batida, mermeladas de distintos sabores, etcétera. Así se consigue un dulce que recuerda a un hueso de caña con su parte externa y su médula o tuétano.
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| Huesos de santo recién hechos. Foto del autor. |
El ingrediente fundamental, el mazapán, llegó de la mano de los árabes, que cuando invadieron Hispania se encontraron con buenos terrenos para el cultivo de los almendros o almendreras, como solemos decir en Aragón, árbol que fue traído por los anteriores colonizadores griegos y fenicios y con cuyo fruto se elabora el mazapán.
El mazapán se extendió por el Mediterráneo y su consumo se fue ligando a las fiestas religiosas de muerte y renacimiento: huesos de santo y panellets en noviembre, mes de los muertos en la tradición romana, y mazapanillos y turrones en Navidad.
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| Panellets de la pastelería Fantoba. Foto del autor. |
Los panellets o empiñonados son panecillos en forma de pequeñas bolas de mazapán fresco, que se envuelven con piñones y se tuestan ligeramente. Es un dulce tradicional de Cataluña, Andorra, Aragón, Comunidad Valenciana e Islas Baleares, preparado para consumirlo el día 1 de noviembre y días próximos a esta festividad.
El origen ritual de estos dulces ha sido sustituido en la actualidad por una costumbre gastronómica que no tiene otra finalidad que disfrutar de una laminería que invita a repetir una y otra vez. Así que disfrutemos pero con cuidado, que tienen muchas calorías y una alta cantidad de azúcar.



