jueves, 28 de mayo de 2026

El día en que Pau Donés regaló un jamón y vino de Enate a Pavarotti

Un 29 de mayo de 2001 el líder de Jarabe de Palo obsequió al tenor con ricas viandas cuando fue invitado a actuar en el concierto 'Pavarotti and friends'. Barry White, Tom Jones, Anastacia y Deep Purple fueron otros de los artistas que participaron en el mismo concierto destinado a recaudar fondos para los niños de Afganistán.

Pavarotti, Celia Cruz y Pau Donés, en los ensayos previos al concierto, en 2001. Foto de Daniele Verturelli.
Pavarotti, Celia Cruz y Pau Donés, en los ensayos previos al concierto, en 2001. Foto de Daniele Verturelli.

Se cumple este viernes un cuarto de siglo de este concierto, que tuvo lugar el 29 de mayo de 2001 en la ciudad italiana de Módena, cuna del inolvidable tenor Luciano Pavarotti. Hace cinco años hablé de este acontecimiento en un reportaje en Heraldo, que me sirve de base para este artículo. 

Entre el impresionante elenco de artistas invitados a participar en aquel acontecimiento, que era visionado a través de la televisión por millones de personas, se encontraba un intérprete aragonés con –hasta entonces– una corta pero fulgurante trayectoria: Pau Donés, líder de Jarabe de Palo. Al éxito mundial en 1996 de ‘La Flaca’ había seguido, dos años después, el álbum ‘Depende’ y ese mismo 2001 aparecería ‘De vuelta y vuelta’

Pau, con dos de sus músicos, en uno de los conciertos de la gira '20 años', con el que recaló en Zaragoza en noviembre de 2018. Jarabe de Palo.
Pau, con dos de sus músicos, en uno de los conciertos de la gira '20 años', con el que recaló en Zaragoza en noviembre de 2018. Jarabe de Palo.

Pero Pau, con esa humildad que le caracterizaría hasta el final de sus días, estaba abrumado por compartir cartel con artistas de la talla de Deep Purple, Barry White, George Benson, Tom Jones, Morcheeba, Anastacia y Celia Cruz. Con esta última interpretaría, junto al anfitrión, ‘Guantanamera’, con la que consiguieron que hasta el mismo Pavarotti moviese su habitualmente flemático esqueleto.

En su libro de memorias ‘50 palos’ cuenta Pau los entresijos de aquella actuación y las emociones que le produjo. Cita, por ejemplo, que como un buen invitado, le había llevado al tenor un par de obsequios en agradecimiento: un jamón de Guijuelo y una caja de seis botellas de vino Enate Reserva Cabernet Sauvignon, "un vinazo made in Somontano con el que siempre quedas bien".

Relata Donés que en el primer encuentro que tuvo con el maestro, en el ensayo de ‘Guantanamera’, "estaba cagado de miedo" porque le imponía mucho cantar al lado de semejante gigante de la lírica. "Por fortuna –añade en su libro–, llevaba conmigo la caja de vino y el jamón, así que enseguida se lo ofrecí, dándole las gracias por habernos invitado a su evento". Y Pavarotti agarró el jamón –que era de cerdo ibérico de bellota con Denominación de Origen Guijuelo, de la marca Marcos Salamanca, empresa perteneciente entonces al Grupo Enate– y se puso a rascarlo como si tocara una guitarra mientras se le iluminaban los ojos.

Pavarotti, Celia Cruz y Pau, durante la actuación.
Pavarotti, Celia Cruz y Pau, durante la actuación. 

Donés, que recibió un afectuoso agradecimiento de Pavarotti por las viandas cuando se despidieron tres días después, en el sitio donde "más glamour junto había visto nunca", hizo de prescriptor de los vinos de su patria chica, pues, como él mismo dijo en su último concierto en Zaragoza, a finales de 2018, era un "mil leches" porque llevaba sangre aragonesa y catalana.

Aquellos tres grandes intérpretes tienen lugares de honor en la historia de la música, pues eran unos artistas de primera línea en sus respectivos estilos. Celia Cruz murió dos años después del concierto, el 16 de julio de 2003, Pavarotti falleció el 6 de septiembre de 2007, y Pau Donés nos dejó el 9 de junio de 2020, después de una larga y cruel enfermedad.

jueves, 21 de mayo de 2026

Recordando una visita de Sara Montiel a Zaragoza

La semana que viene, el día 30, en concreto, comenzará una nueva edición de la Feria del Libro de Zaragoza, que se desarrollará en el Parque Grande José Antonio Labordeta hasta el día 7 de junio. Esta feria me viene, como suele decirse, como anillo al dedo para recordar la edición de hace justamente 25 años, la de 2001, que tuvo una invitada de excepción: la gran actriz y cantante Sara Montiel, una mujer irrepetible, arrolladora

Sara Montiel, en una escena de la película 'El último cuplé'.
Sara Montiel, en una escena de la película 'El último cuplé'.

Aquel año vino a Zaragoza para presentar sus memorias, recogidas por el escritor y dramaturgo Pedro Víllora en un libro titulado 'Vivir es un placer', donde dio un repaso (no exento de controversia) por su carrera y numerosos amores. Su presencia en la capital aragonesa despertó una gran expectación y fueron muchos los fans que se acercaron a saludarla y a requerir su dedicatoria en el libro.

Tuve la oportunidad de hacerle una entrevista de esas que un periodista siempre recuerda por la fuerza y la personalidad del entrevistado. Se publicó en la contraportada de Heraldo de Aragón del 25 de mayo de 2001. Aquí os pongo la página en cuestión, para que os hagáis una idea del carácter y temperamento de esta mujer. Sus respuestas no tienen desperdicio y dan unas pinceladas muy claras de cómo era, pensaba y vivía.

Entrevista a Sara Montiel publicada en la contraportada de Heraldo el 25 de mayo de 2001.
Entrevista a Sara Montiel publicada en la contraportada de Heraldo el 25 de mayo de 2001.

Si no recuerdo mal, en aquellas fechas mantenía una relación con el editor de cine cubano Tony Hernández, con el que contrajo matrimonio en 2002 (fue su cuarto casamiento) y del que se divorció en julio de 2003.

Sara Montiel, cuyo verdadero nombre era María Antonia Abad Fernández, había nacido en Campo de Criptana (Ciudad Real) el 10 de marzo de 1928  y murió en Madrid el 8 de abril de 2013. 

jueves, 14 de mayo de 2026

El Aneto, una auténtica cruz para los acomplejados secesionistas catalanes

La desaparición de la gran cruz de metal que estaba erigida en la cumbre del pico Aneto, a 3.404 metros de altitud, es el último de una larga serie de incidentes provocados por la corriente de animadversión y envidia a Aragón de los secesionistas catalanes, que vienen dando rienda suelta a su acendrado complejo de inferioridad con continuos ataques a los símbolos que identifican el techo de los Pirineos, que se ubica en suelo aragonés pero que los independentistas vienen tratando de apropiarse desde hace bastantes años.

Un grupo de montañeros, limpiando la cruz de pintura amarilla.
Un grupo de montañeros, limpiando la cruz de pintura amarilla.

Se acaba de cumplir un mes desde que se produjo el último ataque de los frustrados secesionistas catalufos. A falta de confirmación oficial sobre la autoría del atentado contra la cruz de metal que presidía la cumbre del Aneto desde 1951, en las redes sociales se da por hecho que una expedición formada por personas con buena preparación física y con muchas aptitudes para la escalada (posiblemente funcionarios secesionistas relacionados con algún sector de emergencias) dieron rienda suelta a sus frustraciones subiendo al Aneto con una sierra radial para consumar tamaño despropósito.

Y es que los nacionalistas radicales de la vecina región no cejan en su empeño por atacar los símbolos del Aneto. En 2018, coincidiendo con el primer aniversario de la payasada de referéndum por la independencia de octubre de 2017, tanto la cruz como su pedestal y las imágenes de la Virgen del Pilar y de San Marcial que presiden la cumbre aparecieron pintadas de amarillo y 'adornadas' con lazos del mismo color.

Otro episodio que tuvo apariencia de payasada fue la convocatoria electoral que hizo el entonces presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, al coronar la cima en compañía de sus tres hijos en 1999. La noche anterior, este clan, conocido por su afición a cobrar presuntamente comisiones por las adjudicaciones que hacía el Gobierno catalán, había acampado en los ibones de Coronas, un lugar no autorizado del parque Posets-Maladeta, al que pertenece el Aneto, aunque los catalufos ya habían intentado incluirlo años antes en su parque de Aigües Tortes, lo que provocó el malestar y la repulsa de las instituciones aragonesas y de los habitantes de la Ribagorza.

La Guardia Civil recolocó la cruz en su sitio el año pasado después de haber sido restaurada. Foto de Francisco Francés.
La Guardia Civil recolocó la cruz en su sitio el año pasado después de haber sido restaurada. Foto de Francisco Francés.

No son para nada extrañas estas repulsivas actitudes, que son consustanciales al afán expansionista de todos los nacionalismos que han ido convirtiéndose en NAZIonalismos a lo largo de la historia, y que se han caracterizado por la laminación de los derechos de una parte de los miembros de sus sociedades (en este caso de los castellanohablantes) y por su desprecio a las leyes y a las resoluciones de los tribunales de Justicia.

En el caso que nos ocupa, no solo son las instituciones las que vienen demostrando una obsesiva fijación con el Aneto. También se suman a esta estrafalaria oleada de ataques muchos ciudadanos que comulgan con este catetismo trasnochado y especímenes de la catadura moral de Jordi Évole, el amigo de bilduetarras, quien en una entrevista que le hicieron por el reportaje que realizó a Pau Donés pocos días antes de morir, no paraba de referirse a Montanuy (localidad natal de Pau de la Ribagorza aragonesa) como parte del Valle de Arán.

La cumbre del Aneto, en los años ochenta.
La cumbre del Aneto, en los años ochenta.

También es muy común ver en las redes vídeos de deportistas y alpinistas que acostumbran a referirse a los picos y macizos pirenaicos de Aragón como partes del "país catalán". Y de las campañas que desatan regularmente los medios de comunicación catalanes desde hace lustros, ya ni hablamos porque daría para escribir un libro.

En fin, a ver si las investigaciones de la Guardia Civil consiguen dar con los autores de la 'castración' a la que sometieron al Aneto, en lo que no es más que una muestra más de ese patológico complejo de inferioridad de esta gentuza cobarde que, eso sí, se guarda mucho de exhibir su ideología y de poner en práctica sus payasadas en público cuando vienen a disfrutar de las maravillas de los valles del Pirineo aragonés. El odio y la rabia les corroen y en el pecado llevan la penitencia.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Caracoles para chuparse los dedos

Los platos elaborados con caracoles forman parte del recetario tradicional de muchos pueblos y regiones españolas, como Aragón. Es un plato muy popular, poco costoso y al alcance de todo el mundo. En Aragón hay una gran afición por esta especialidad gastronómica que, por otro lado, tiene grandes detractores, pues es un producto que gusta o se rechaza sin paliativos, no hay término medio.

Preparando una buena olla de caracoles durante una de las jornadas caracoleras de Zaragoza. Foto del autor del blog.
Preparando una buena olla de caracoles durante una de las jornadas caracoleras de Zaragoza. Foto del autor.

Hace días que quería dedicar un artículo a este plato, que se suele consumir más en los meses en los que predomina el buen tiempo, como en primavera y verano, aunque en algunas partes de España es costumbre también prepararlos en invierno, con un caldo o salsa sustanciosos, e incluso son platos muy concurridos en las cenas de Nochevieja. Así que podríamos decir que es un plato atemporal, aunque por estos lares se solía comer tradicionalmente el día 24 de junio, festividad de San Juan.

En los tiempos en los que era obligada la abstinencia de comer carne, se consideraba apto comer caracoles porque no tienen la consideración de carne y tampoco de pescado, por lo que los buenos cristianos pueden comerlos cuando les plazca.

En nuestra región hay bastantes bares y restaurantes que lo tienen habitualmente en su carta. Incluso hay una Peña Caracolera de Aragón, desde la que se han puesto en marcha con periodicidad anual unas jornadas caracoleras durante la primavera, en cuya organización participaba activamente el inquieto gastrónomo José María Gamón, que ya nos dejó hace unos años. En el restaurante zaragozano Casa Pedro, por ejemplo, siempre están a disposición de los clientes los caracoles a la antigua.

Caracoles a la antigua de Casa Pedro. Foto del autor del blog.
Caracoles a la antigua de Casa Pedro. Foto del autor.

Los aficionados a esta preparación pueden disfrutar de las cualidades gastronómicas de este alimento y, además, beneficiarse de las muchas bondades nutricionales que ofrecen estos gasterópodos, que son ricos en proteínas de muy buena calidad, con aminoácidos importantes para la salud.

Tiene además abundantes minerales, como potasio, fósforo, magnesio, sodio, hierro, zinc y selenio, por lo que es muy recomendable para los deportistas. Tiene también propiedades antioxidantes, que se potencian con el acompañamiento de aceite de oliva virgen extra y de las verduras que suelen utilizarse en su preparación.

Caracoles listos para su preparación. Foto del autor del blog.
Caracoles listos para su preparación. Foto del autor.

En la cocina tradicional aragonesa se preparan con un sofrito que lleva cebolla, salsa de tomate, panceta o chorizo, jamón, pimienta y laurel. En la salsa resultante se sumergen los caracoles una vez bien lavados y cocidos en agua. Para esto último, se ponen en la olla con el agua fría y se va calentando poco a poco para que salgan de su concha y, finalmente, se sube el fuego rápidamente para que no vuelvan a esconderse.

Al servirlos en la mesa, se acompañan de un recipiente bien colmado de ajazeite o ajoaceite, cuya elaboración explicamos en la entrada dedicada al cordero asado. Es obligado comerlos con las manos muy bien lavadas porque habrá que chuparse inexcusablemente los dedos para no desperdiciar ni una miaja de salsa.


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