Las populares madejas de cordero constituyen otro plato de aprovechamiento de las partes menos nobles del animal, con ingredientes muy similares a nuestras queridas chiretas (fundamentalmente los intestinos de la res), aunque con un método de elaboración y un resultado bastante diferente.
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| Las recordadas madejas que tantas veces he disfrutado en la desaparecida Casa Pascualillo, del Tubo zaragozano. Foto del autor. |
Las madejas se hacen con el intestino delgado, que hay que lavar con mucho esmero si optamos por comprarlo en la carnicería o en la casquería, aunque hoy en día se venden las madejas ya preelaboradas y listas para cocer en casa. El intestino viene enrollado en un entresijo, que es una tela que envuelve y sujeta el intestino delgado, o en un ajo tierno. También hay quien las envuelve sobre un espárrago triguero, aunque no es tan habitual.
Para prepararlas, una vez enrolladas, se les da primero un hervor en agua con sal, laurel y ajos. Después se dejan enfriar para que no se deshagan al cortarlas en rodajas. Una vez partidas, se fríen en abundante aceite culminando la fritura con un fuego bien fuerte para que queden bien crujientes. Las recetas tradicionales incluyen un acompañamiento de una salsa hecha con ajo, aceite y perejil, aunque en algunas zonas también se sirven con patatas, pimientos u otras verduras de temporada asadas en el horno.
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| Madejas listas para su elaboración en la cocina. Grupo Pastores. |
En algunos bares y tabernas las madejas se fríen enteras, sin cortarlas previamente, ya que se sirven tal cual como tapa o ración, siendo cada cliente el que las trocea en rodajas más o menos grandes según sus preferencias.
Es bastante curioso que esta forma de aprovechar los intestinos y partes de las entrañas de la res ovina es más propia de los valles pirenaicos más occidentales, como los del Alto Gállego y de la Jacetania, mientras que la elaboración de las chiretas forma parte de la cocina tradicional de los valles más orientales, los que se incluyen en las comarcas de Ribagorza y Sobrarbe.
En otras regiones de España es posible degustar algunas preparaciones muy similares a las madejas, como los zarajos, que se consumen como tapa o aperitivo muy típico de Cuenca y de otras ciudades y pueblos de Castilla-La Mancha.
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| Los típicos zarajos de Madrid y Castilla-La Mancha. Tamorlan/Wikipedia. |
También en el Madrid más castizo se preparan los intestinos de cordero lechal marinados y enrollados en un palo o sarmiento fritos en aceite de oliva o asados en el horno o a la plancha, hasta que quedan dorados. Es típico comerlos sobre todo en San Isidro, junto con otras elaboraciones de casquería, como las gallinejas y los entresijos.
Casi todos estos platos he tenido el placer de probarlos y confieso que he disfrutado mucho con las incomparables madejas que elaboraban en el añorado establecimiento del Tubo zaragozano Casa Pascualillo, a donde acudía con asiduidad para charlar, tapear y brindar con algún vino fino andaluz o con un fresco rosado de la tierra con su propietario, el amigo Guillermo Vela, y con su mujer, Teresa Blasco. Sin embargo, es con las chiretas con las que llego a saborear las sensaciones de mi infancia, ya que en mi familia materna y paterna era uno de los platos más concurridos y queridos.
Quien quiera ponerse manos a la obra y elaborar madejas en casa, en esta página del Grupo Pastores se detalla paso a paso la receta de este suculento plato, que conviene acompañar con un buen tinto aragonés.



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