miércoles, 17 de junio de 2026

San Ramón, obispo de Barbastro y Roda, mecenas y hacedor de milagros

El próximo domingo, 21 de junio, se celebra la festividad de San Ramón del Monte, patrón de Barbastro, mi ciudad natal, de cuya diócesis fue obispo. En Barbastro se ha preparado un completo programa de actos para la festividad de este 2026, en que se cumplen 900 años de la muerte de un obispo peleón y algo rebelde, que pugnó enconadamente con el prelado de Urgel por cuestiones de límites diocesanos.

Imagen de San Ramón del Monte en la catedral de Barbastro.
Imagen de San Ramón del Monte en la catedral de Barbastro. 

Nació en Durban, en la vertiente norte de los Pirineos, en el seno de una familia noble, con el nombre de Raimon Guillem. Se le proporcionaron buenos estudios y empezó la carrera militar, que abandonó para dedicarse al estudio y la religión.

Tras su estancia como canónigo regular en Pamiers, Alfonso I de Aragón le concedió el obispado de Barbastro-Roda en 1104, con sede en la catedral de Roda, con intención de resolver la disputa que mantenían los obispos Odo de Urgel y Esteban de Huesca, ya que ambos argumentaban que la recién conquistada ciudad de Barbastro tendría que formar parte de sus respectivas diócesis, no de la de Roda.

Sarcófago de San Ramón en la catedral de Roda de Isábena. Foto de romanicoaragones.com.
Sarcófago de San Ramón en la catedral de Roda de Isábena. Foto de romanicoaragones.com.

En 1116, el obispo Esteban de Huesca, con el apoyo de nobles de Barbastro y del mismo rey Alfonso I, consiguió que Ramón fuese desterrado de Roda, acusándolo de oponerse a combatir con las armas a los musulmanes y otros herejes.

Precisamente, este sábado por la tarde tendrá lugar por las calles de la ciudad del Vero una recreación teatralizada del destierro del santo, que partirá desde la plaza de Aragón y culminará en la ermita dedicada a San Ramón, próxima al campo de fútbol municipal.

La leyenda le atribuye numerosos milagros acaecidos en el camino del destierro. Incluso se le considera hacedor de otras acciones milagrosas ocurridas tras su muerte, como la liberación de unos soldados hechos prisioneros por las tropas moras, cuyas cadenas se guardan en Roda.

La ermita de San Ramón, ubicada en lo alto de un montículo desde el que San Ramón dio su bendición a la ciudad cuando iba camino del destierro. Foto de R. Zamora.
La ermita de San Ramón, ubicada en lo alto de un montículo desde el que San Ramón dio su bendición a la ciudad cuando iba camino del destierro. Foto de R. Zamora.

Lo que sí son hechos históricos constatables es que fue un gran mecenas y que consagró bastantes iglesias románicas, como las de Santa María de Alaón, Tahull, Alquézar y Roda. Algunos de los tesoros artísticos que legó a Roda y que se conservaban en el precioso templo de esta localidad ribagorzana fueron robados por el tristemente famoso expoliador de iglesias Erik el Belga. 

Algunas de estas piezas fueron recuperadas gracias a José María Lemiñana, quien fue párroco de Roda de Isábena durante tres décadas, desde mediados de los años 70 del siglo XX, otro clérigo de carácter que contribuyó notablemente a la desagregación de las parroquias oscenses pertenecientes a la diócesis de Lérida y gran defensor de la devolución de los bienes de las parroquias aragonesas que estaban en poder del obispado leridano.

Una de las hogueras que hace años se encendían en todos los barrios de Barbastro. Foto de Huesca la Magia.
Una de las hogueras que hace años se encendían en todos los barrios de Barbastro. Foto de Huesca la Magia.

En la víspera de la festividad de San Ramón era tradición que los barrios de Barbastro encendieran numerosas hogueras, a cual más enorme para hacerse con el mérito de conseguir el fuego más grande de la noche. Ahora sólo se encienden dos o tres en espacios habilitados por el Ayuntamiento, con lo que se ha perdido aquel ímpetu con que los niños y jóvenes recogíamos cualquier material combustible en los días previos para alimentar el fuego. Yo pertenecía al barrio del Entremuro y la hoguera se encendía en alguna de las eras próximas, cercanas al casco urbano. 

Foto bien antigua de la plaza de La Candelera, donde jugábamos al fútbol los zagales del barrio del Entremuro
Foto bien antigua de la plaza de La Candelera, donde jugábamos al fútbol los zagales del barrio del Entremuro.

Pero claro, aquellos eran otros tiempos, en los que no existían las nuevas tecnologías y las batallas no se libraban en videojuegos sino en la vida real, al estilo de las que se narran en la película 'La guerra de los botones'. Los del Entremuro solíamos tener frecuentes refriegas con los zagales del vecino barrio de La Mina, aunque nunca llegaba la sangre al río y, como mucho, alguno volvía a casa con un chichón producto de alguna leve pedrada.

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