jueves, 14 de mayo de 2026

El Aneto, una auténtica cruz para los acomplejados secesionistas catalanes

La desaparición de la gran cruz de metal que estaba erigida en la cumbre del pico Aneto, a 3.404 metros de altitud, es el último de una larga serie de incidentes provocados por la corriente de animadversión y envidia a Aragón de los secesionistas catalanes, que vienen dando rienda suelta a su acendrado complejo de inferioridad con continuos ataques a los símbolos que identifican el techo de los Pirineos, que se ubica en suelo aragonés pero que los independentistas vienen tratando de apropiarse desde hace bastantes años.

Un grupo de montañeros, limpiando la cruz de pintura amarilla.
Un grupo de montañeros, limpiando la cruz de pintura amarilla.

Se acaba de cumplir un mes desde que se produjo el último ataque de los frustrados secesionistas catalufos. A falta de confirmación oficial sobre la autoría del atentado contra la cruz de metal que presidía la cumbre del Aneto desde 1951, en las redes sociales se da por hecho que una expedición formada por personas con buena preparación física y con muchas aptitudes para la escalada (posiblemente funcionarios secesionistas relacionados con algún sector de emergencias) dieron rienda suelta a sus frustraciones subiendo al Aneto con una sierra radial para consumar tamaño despropósito.

Y es que los nacionalistas radicales de la vecina región no cejan en su empeño por atacar los símbolos del Aneto. En 2018, coincidiendo con el primer aniversario de la payasada de referéndum por la independencia de octubre de 2017, tanto la cruz como su pedestal y las imágenes de la Virgen del Pilar y de San Marcial que presiden la cumbre aparecieron pintadas de amarillo y 'adornadas' con lazos del mismo color.

Otro episodio que tuvo apariencia de payasada fue la convocatoria electoral que hizo el entonces presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, al coronar la cima en compañía de sus tres hijos en 1999. La noche anterior, este clan, conocido por su afición a cobrar el tres por ciento en comisiones por las adjudicaciones que hacía el Gobierno catalán, había acampado en los ibones de Coronas, un lugar no autorizado del parque Posets-Maladeta, al que pertenece el Aneto, aunque los catalufos ya habían intentado incluirlo años antes en su parque de Aigües Tortes, lo que provocó el malestar y la repulsa de las instituciones aragonesas y de los habitantes de la Ribagorza.

La Guardia Civil recolocó la cruz en su sitio el año pasado después de haber sido restaurada. Foto de Francisco Francés.
La Guardia Civil recolocó la cruz en su sitio el año pasado después de haber sido restaurada. Foto de Francisco Francés.

No son para nada extrañas estas repulsivas actitudes, que son consustanciales al afán expansionista de todos los nacionalismos que han ido convirtiéndose en NAZIonalismos a lo largo de la historia, y que se han caracterizado por la laminación de los derechos de una parte de los miembros de sus sociedades (en este caso de los castellanohablantes) y por su desprecio a las leyes y a las resoluciones de los tribunales de Justicia.

En el caso que nos ocupa, no solo son las instituciones las que vienen demostrando una obsesiva fijación con el Aneto. También se suman a esta estrafalaria oleada de ataques muchos ciudadanos que comulgan con este catetismo trasnochado y especímenes de la catadura moral de Jordi Évole, el amigo de bilduetarras, quien en una entrevista que le hicieron por el reportaje que realizó a Pau Donés pocos días antes de morir, no paraba de referirse a Montanuy (localidad natal de Pau de la Ribagorza aragonesa) como parte del Valle de Arán.

La cumbre del Aneto, en los años ochenta.
La cumbre del Aneto, en los años ochenta.

También es muy común ver en las redes vídeos de deportistas y alpinistas que acostumbran a referirse a los picos y macizos pirenaicos de Aragón como partes del "país catalán". Y de las campañas que desatan regularmente los medios de comunicación catalanes desde hace lustros, ya ni hablamos porque daría para escribir un libro.

En fin, a ver si las investigaciones de la Guardia Civil consiguen dar con los autores de la 'castración' a la que sometieron al Aneto, en lo que no es más que una muestra más de ese patológico complejo de inferioridad de esta gentuza cobarde que, eso sí, se guarda mucho de exhibir su ideología y de poner en práctica sus payasadas en público cuando vienen a disfrutar de las maravillas de los valles del Pirineo aragonés. El odio y la rabia les corroen y en el pecado llevan la penitencia.

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