miércoles, 15 de abril de 2026

La Ronda montañesa

Pocas cosas hay tan emocionantes como sentir la magia de las montañas penetrar en los pulmones confundida con el aroma del boj y del pino, oírla cómo se fusiona con el rumor del río Cinqueta sorteando rápidos y acariciando piedras milenarias. Contemplarla reflejada en aguas cristalinas bebidas siglo tras siglo por parejas de enamorados de Chistén para apagar su sed de pasión.

Portada de uno de los discos de La Ronda de Boltaña.

A la magia de la montaña se la ve en las cumbres de Cotiella y de la Peña Montañesa, deslizándose por sus laderas hacia Entremón, hacia Laspuña y Badaín, llevada por la neblina de los atardeceres otoñales. Se la siente bajo el dolmen de Tella, fiel testigo del paso del tiempo, cruzando por estos parajes de belleza interminable hacia las cumbres de Monte Perdido y los bosques y cascadas de Ordesa. Navega desde el valle de Pineta entre las aguas del Cinca bajando hacia Aínsa y Mediano, remansándose en pantanos bajo los que naufragaron los sueños de adolescentes a los que fascinaban las profundidades de los mares lejanos.

Esta magia está en constante ebullición bajo la tierra del cementerio de Saravillo, donde la leyenda mantiene viva la llama de personajes inolvidables, como mosén Bruno Fierro, mucho más venerado en estos lares que afamados santos oficiales de la tierra baja.

Es el sentimiento que, cada primavera, reverdece con la albahaca de las huertas y balcones, invitando a la fiesta en todos los pueblos del Alto Aragón, propiciando la ronda que lleva música y amistad de casa en casa y de pueblo en pueblo. Es el recuerdo por los pueblos vacíos como Sieste, Ascaso, Margudgued y Aguilar, por las casas derruidas y las haciendas yermas de Santa Justa, de Fumanal o Pamporciello, lugares en los que ya sólo habitan tenaces relojes de sol que cuentan el tiempo que falta por ver volver a los que se fueron.

Es la magia de la música del laúd que tocaba el abuelo Ángel de casa Gabás con sus hermanos y sus amigos, cuando aún eran jóvenes, en Señes y Serbeto, en Plan y en San Juan. Es el sonido de la gaita que despertaba en la mañanada a los recién casados haciendo sentir sus ecos por los valles, solanas y sobremontes. Es esa misma música de La Ronda de Boltaña que, con sonidos de viejos palotiaus y melodías sorprendentes como 'O viento rondador''Habanera triste' y 'Luz de otoño', inunda los corazones y atenaza las gargantas al rememorar los viejos lugares que nos vieron nacer y crecer.

Es la magia de haber conocido la montaña, de haberse enamorado de ella y de no poderla olvidar nunca jamás.

La Ronda de Boltaña, con la silueta de la Peña Montañesa al fondo.

Un artículo homenaje

El texto que precede corresponde a una columna que publiqué hace unos años en la contraportada de Heraldo en homenaje al 25 aniversario de La Ronda de Boltaña. Su música y sus letras siempre nos han emocionado a quienes llevamos la montaña en el corazón. Les sigo los pasos desde sus primeros años, en la década de los noventa, y los he visto actuar muchas veces en Boltaña, en otros pueblos del Sobrarbe, en Barbastro o en Zaragoza. Ahora, con la llegada del buen tiempo, los rondadors empiezan a tener muchas actuaciones y visitarán numerosos lugares por todo Aragón. Podéis consultar sus próximas actuaciones en este enlace de su página web.

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